Cuando nadie me ve – Sara Carbonero » La historia de María

25 mayo 2015

La historia de María

No te robaré besos baratos,
iré poco a poco entrando
cambiando las cerraduras de las puertas
de tu pasado.
De mi pasado.

Besos Baratos. Diego Ojeda.

Este es uno de los post más difíciles que he escrito, de esos que según estás sentado delante del ordenador ni uno mismo puede creer que lo que escribe es real… Empiezo por el principio.

Hace unos meses la Policía Nacional se puso en contacto conmigo para ver si quería colaborar en una nueva campaña que iban a poner en marcha, la mayor campaña de concienciación en redes sociales y medios de comunicación contra la trata de seres humanos con fines de explotación sexual bajo el claim: «Con la trata no hay trato. Denúncialo”

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Esta campaña, compuesta por vídeos, carteles, radio y televisión está pensada para implicar a todos los ciudadanos y especialmente a los clientes potenciales de estos servicios.

La ONU define la prostitución como la tercera actividad ilegal más lucrativa del mundo que genera ganancias cercanas a los 12 billones de dólares al año (las dos primeras son el tráfico de armas y de drogas).

El fenómeno de la trata de seres humanos ha sufrido un gran desarrollo sobre todo en las últimas dos décadas. A principios de los años 80, miles de mujeres extranjeras llegaron a Europa en busca de trabajo y mejores condiciones de vida. Pero debido a su situación de vulnerabilidad, irregularidad y pobreza pronto cayeron en organizaciones criminales dedicadas a la industria del sexo. En los años 90 el fenómeno ha adquirido enormes proporciones y no ha dejado de aumentar, aumentando también enormemente las mafias y redes dedicadas a este negocio por los grandes beneficios que produce.

Las Naciones Unidas, en su informe de Septiembre del 2000 cifraba en cuatro millones las mujeres que son vendidas cada año con uno de estos tres fines: prostitución, esclavitud o matrimonio; y en dos millones las dedicadas al comercio sexual.

Como podéis imaginar no tuve que pensar mucho la respuesta. Además de colaborar con la policía, algo fundamental y necesario, me pareció interesante dar difusión a un tema que todavía es bastante desconocido para mucha gente. Así que después de decirles que , me puse a recabar información, todo lo que os estoy contando ahora.

Las mujeres, normalmente en una situación familiar o económica precaria son captadas por compatriotas suyos en los países de origen aprovechándose de esa situación de necesidad, ofreciéndose a conseguir los documentos y a efectuar las gestiones necesarias para el traslado a nuestro país y la consecución de un trabajo digno, bien en el sector servicios, hostelería, como en el ejercicio del alterne, ya que casi nunca son advertidas de que su actividad también se va a ampliar al ejercicio de la prostitución, aunque en algunos casos, los menos, las mujeres son conocedoras de que van a ejercer la prostitución en nuestro país, pues a veces ya están desarrollando tal actividad en el suyo.

En casi todos los casos las mujeres son engañadas con las condiciones económicas y laborales en las que van a trabajar, siendo desconocedoras de que una vez aquí carecerán de libertad ya que tienen que pagar a la organización la «DEUDA» para poder dejar la actividad, recibiendo en muchos casos poco o ningún beneficio económico a cambio de sus numerosas horas de trabajo. Dicha deuda normalmente consiste en una cantidad de dinero astronómica y otras veces la cantidad, sin ser demasiado elevada se convierte en imposible de pagar debido al sistema de multas al que son sometidas las mujeres, las cuales son sancionadas con diversas cantidades por actos supuestamente realizados en contra de las normas de «la casa» y que pasan a incrementar esa deuda, logrando así que a la mujer se le obligue a estar vinculada a la organización por un tiempo más prolongado del que en un principio se les había hecho creer. La Policía tiene constancia de episodios en los que las mujeres desesperadas por no ver el fin de su cautiverio se han suicidado o arrojado por alguna ventana del local donde estaban forzadas.

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Las mujeres no permanecen mucho tiempo en cada local, ya que los clientes valoran la renovación de la oferta, por lo que es extraño que permanezcan más de tres meses en cada uno de ellos. Por ello, son trasladadas de un club a otro, entrando en una especie de circuito, lo que permite a todos los explotadores poder ofrecer siempre caras nuevas a sus clientes. Así también consiguen dificultar la labor policial.

Por último, si la explotación en locales o pisos es, por las condiciones de las víctimas, lo más parecido a la esclavitud de este siglo, las mujeres que son objeto de la Trata en la vía pública son sometidas a situaciones aún más denigrantes, por la higiene, seguridad, el tipo de clientela y el perfil del propio explotador, que se corresponde con una persona sin ningún tipo de escrúpulos ni remordimientos.

Después de conocer un poco más este tema pensé que lo mejor era escuchar el testimonio de primera mano de una de las víctimas de ese terrible mundo. Me puse en contacto con APRAMP, la asociación para la Prevención, Reinserción y Atención a la Mujer Prostituida, y hablamos para ir una tarde a visitarlas. El jueves pasado quedé allí con María.

La asociación APRAMP tiene su centro en la calle Ballesta nº9 de Madrid. Nada más entrar ví a varias chicas cosiendo en una especie de taller… Me esperaban Rocío Nieto, la fundadora de la asociación hace ya más de 30 años, una mujer encantadora y cercana, y María José, una de las trabajadoras sociales a la que le encanta su trabajo. Me explicaron el funcionamiento y la historia de esta asociación y me presentaron a las chicas. APRAMP lleva a cabo un proyecto de Atención Integral a mujeres víctimas de Trata, lo que incluye un proceso completo de intervención, desde la toma de contacto con la mujer y su identificación como víctima de trata con unidades móviles a pie de calle, hasta que una vez recuperada accede al mercado laboral en España o retorna en condiciones de seguridad a su país de origen. Una vez identificada la víctima, APRAMP les presta todo el apoyo para hacer las gestiones y regular su situación, en definitiva, les proporciona apoyo en diferentes áreas de su vida.

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La asociación abarca varias áreas de trabajo: social, jurídica, sanitaria, psicológica, formación y laboral.

Las saludé mientras pensaba en la terrible historia que había detrás de cada una de ellas. Algunas chicas no saben escribir porque las captaron muy pequeñas en el colegio y abandonaron sus estudios.

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Estaban allí, aprendiendo, sintiéndose útiles, riendo incluso, pero el camino hasta llegar al centro había sido una pesadilla. Entre ellas me impactó una niña de tan sólo 17 años que tenía un hijo de 3 o la de algunas chicas que habían sido vendidas por sus propias familias con apenas 15 años. Estábamos hablando de todo ello cuando apareció María. Nada más verla supe que ella era la chica a la que había ido a entrevistar. Se puso a nuestro lado y no dijo nada pero supe que era ella. Algo me decía que esa chica morena y guapa, tímida de ojos vivos estaba deseando contarme su historia para ayudar a muchas mujeres.

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María es Rumana, tiene 28 años y llegó a España con 21. Fue captada en su ciudad, engañada por “su novio” (lover-boy) para venir a España. Primero estuvo en Ciudad Real y luego fue trasladada a Madrid. Estaba retenida bajo llave, siempre acompañada, sin poder moverse en libertad, amenazada por los proxenetas de recibir palizas tanto ella como su familia en Rumania. Durante más de un año fue obligada y forzada a ejercer prostitución. Estaba en la calle Montera controlada por tres personas, ahí conoció a las personas de la Unidad de Rescate de APRAMP y pudo escapar iniciando un proceso de recuperación integral.

Estos son los datos que tenía de María antes de sentarme con ella.

Entramos a una sala y nada más encender la grabadora me dijo: «Yo empiezo a contarte y tú luego ya me haces las preguntas, ¿vale?»

Me pareció buena idea. Estaba deseando escuchar esa historia, una historia que os dejo aquí tal y como ella me la contó:

«Yo tenía 20 años, trabajaba de camarera en un hotel en mi país, Rumanía. Un día conocí a un chico que solía venir a tomar algo. A simple vista no ví nada raro en él. Era educado y agradable. Empezamos a salir. Tenía un buen coche y dinero para todos los caprichos que él quería. Me sacaba once años así que pensé que tendría un buen trabajo. Además era hijo único y su madre, que era la contable del alcalde de mi ciudad, siempre estaba pendiente de que no le faltara de nada.

A los pocos meses de empezar a salir me fui a vivir a su casa, fue entonces cuando empecé a notar algo muy raro en su comportamiento. Primero vinieron los ataques de celos, al principio creí que era porque me quería mucho y no quería perderme pero la cosa fue agravándose.
Después de los ataques de celos llegaron las palizas, en la segunda que me dio me dejó una semana en la cama. Fue porque le dije que me apetecía salir con mis amigas, yo estaba acostumbrada a tener mi vida, mis amigas, mi independencia…

Me pegó con el puño en la espalda.

Al día siguiente llamó a mi trabajo y le dijo a una compañera que yo no volvería a ir nunca más, que el dinero que ganaba yo en un mes lo ganaba él en un día.
El siguiente paso fue quitarme las llaves de casa, la documentación y el teléfono, me dejaba salir de casa una vez a la semana, los domingos y siempre con él.

Cuando me quise dar cuenta de dónde me había metido ya era muy tarde. No podía escapar de casa porque estaba encerrada bajo llave y en el caso de ir a la policía de mi país, tampoco me creerían, en mi país la cultura es así.

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Mi familia no sabía ni sospechaba nada, pensaban que yo seguía trabajando donde siempre, mi novio me obligaba a llamarles todas las noches siempre con él al lado para que yo no pudiera decir nada raro. Incluso venían a casa, mis padres y mis hermanos. Ese día hacíamos la compra y cocinábamos como cualquier pareja, les hacíamos creer que todo era normal. Si éramos nosotros los que íbamos a visitar a mis padres él se venía conmigo hasta al servicio. No me dejaba sola ni un segundo, tenía todo el control sobre mí. Yo quería hablar con mis hermanos pequeños de sus novias y sus cosas, pero tampoco me dejaba. Me decía que si intentaba escapar me mataría, me metería en una bolsa de basura y me enterraría en el bosque. Nadie se enteraría.

Me tuvo encerrada tres meses en casa, el miedo me tenía bloqueada. No era amor, nunca lo fue, era el terror, las palizas que me daba cada noche. Los vecinos oían mis gritos pero nunca hicieron nada. Recuerdo que subían el volumen de la música o la tele para no escuchar los gritos. También le tenían miedo. Ahí me enteré de que mi novio, el príncipe azul que conocí tres meses antes en realidad era un proxeneta, formaba parte de una peligrosa banda que traficaba con drogas y con seres humanos con fines de explotación sexual. Incluso llegué a conocer a sus amigos. Venían a casa con chicas, las drogaban, les obligaban a tomar cocaína y después les pegaban. Nunca supe qué fue de esas mujeres.

Una de esas noches comprendí lo que estaba haciendo yo en esa casa, lo que estaba haciendo él esos meses conmigo: prepararme para lo que sería mi vida después.

Un día, no lo olvidaré jamás, eran las doce de la noche, me dijo: «vas a viajar a España». Mi reacción fue de sorpresa y de miedo. «Qué voy a hacer yo allí, si no conozco el idioma ni a nadie…». Me contestó: «sabes perfectamente de qué vas a trabajar allí». Me negué, empecé a gritar y a llorar, era horrible. Cogió un palo y empezó a pegarme desde las doce de la noche hasta las tres de la mañana. Grité y grité y nadie vino a ayudarme. Me hinchó toda la cara y el cuerpo…Tuve que decirle que sí, que iría a España. Me dijo que si hablaba con alguien iría a por mi familia, mataría a mis hermanos pequeños. Prefería pasarlo mal yo y que dejara en paz a los míos, le veía capaz de cualquier cosa.

Me compró el billete y me dijo que me estarían esperando en Madrid. Cuando estaba en el aeropuerto justo antes de pasar el control, me devolvió la documentación y el teléfono apagado, se acercó y susurrándome al oído me dijo: «cuidado que todavía no me he ido, te estoy vigilando».

Durante el vuelo sólo pensé en una cosa: que algún día sería capaz de escaparme, aunque me costara años, pasara lo que pasara. Tenía que salir de ahí.

Aterricé en Madrid, me estaba esperando una mujer que podría ser mi madre. Una gitana rumana muy corpulenta con una niña pequeña de unos 5 años. No me habló ni me dijo nada, volvió a quitarme el teléfono y la documentación, cogimos un ave para ir a Ciudad Real y no me habló durante todo el camino, sólo para decirme que el dinero que ganara sería la mitad para ella y la otra mitad para mi «novio» de Rumanía. En el caso de que yo necesitara ropa o alguna otra cosa ella me la compraría.

Llegamos a Ciudad Real a las once de la noche, le dije llorando que no quería estar ahí, que por favor me dejara marcharme. Me contestó que ya lo sabía y que había tomado medidas. Unas medidas que pasaban por encerrarme con llave en un bajo que tenía unas ventanas con barrotes, desde las cuales yo podía ver justo enfrente un edificio de policías. Ella me decía que no se me ocurriera ir a la policía, que tenía cuñados policías, otros abogados y que nadie me creería nunca porque yo sólo era una puta. Como mi comportamiento no era el adecuado me quitaron la calefacción y me daban de comer sólo una vez al día, a las nueve de la noche. Era mi castigo por no hacer lo que ellos querían. No me dejaban ver la tele y si lo hacía tenía que ser en rumano. No querían que aprendiera castellano bajo ningún concepto, no les interesaba. Las únicas palabras que necesitaba saber eran los precios de mis servicios sexuales.

En esa casa había otra chica conmigo, era rumana también. Vivíamos las tres con la niña pequeña. Trabajábamos 24 horas, siempre disponibles para cuando nos llamaran. Funcionábamos con anuncios en internet y en los periódicos. Tenía que estar preparada a cualquier hora, incluso dormía vestida para salir corriendo si nos llamaban.

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La primera vez fue horrible, no quiero recordarla. No hay peor sensación que tener relaciones con alguien que no quieres, lo pasé fatal. Además cuando iba a la casa de un cliente la señora se venía conmigo, se quedaba esperando al otro lado de la puerta oyendo todo, pegada a la pared, preparada para quitarme el dinero en cuanto terminara mi trabajo… Si el día se daba bien podía ganar entre 400 y 500 euros, no parábamos, eran 24 horas. Ella les decía a los hombres que yo no hablaba español (aunque la verdad es que lo entendía perfectamente). Una de esas veces un cliente notó que yo no estaba agusto, se me cayeron unas lágrimas. Me dijo que sabía que algo me estaba pasando, yo le hice gestos de que no con la cabeza para que se callara… Al salir, la señora empezó a gritarme e insultarme porque no lo había hecho bien. Yo tenía que sonreír y ese día no lo hice.

Cuando hacía algo mal, inmediatamente llamaba al chico de Rumanía para contárselo. Un día, se fue a por mi hermano. Intentó atropellarle con el coche a la salida del colegio pero mi hermano saltó y pudo escaparse. Él seguía con su mentira allí, visitaba a mi familia y les decía que yo tenía mucho trabajo, incluso consiguió a una chica con la voz parecida a la mía y hacía creer a mis padres que hablaban conmigo por teléfono. Todo un profesional.

En la casa de Ciudad Real estuve cerca de un año. Después, ellos discutieron. Se enfadaron, nunca supe muy bien por qué. Creo que él quería venderme y ella no quiso comprarme, yo no se lo puse fácil. Sé que pelearon por mi culpa.

A las once de la mañana de un día, la mujer me dio 180 euros, el dinero que había recaudado hasta esa hora y me dijo que me iba a Madrid. Le pregunté cómo sería capaz de llegar yo sola a esa ciudad, sin hablar nada de español, ni conocer a nadie. Me dijo que llamaría a un taxi y que yo me buscara la vida después.

Siete años después aún no sé cómo conseguí coger ese tren, sentarme en el sitio correcto y llegar a Madrid. En ese momento ya no pensaba en escaparme ni en nada, sólo en sobrevivir, en llegar a Madrid, fuera lo que fuera lo que me esperara allí. No conocía el idioma, la gente, no podía llamar a nadie por el miedo a que hicieran algo a mi familia. Nadie creería mi historia… Me habían repetido tantas veces que era una puta y que sólo servía para eso que me lo había creído. Me quitaron la autoestima, ya no la tenía.

Al llegar a Atocha me esperaba lo peor. Dos chicas estaban allí, eran las novias de unos amigos de él, el chico de Rumanía. Recibí una llamada suya diciéndome que tuviera cuidado con lo que hacía, con llamar a nadie. Me quitaron el teléfono otra vez, las chicas me dijeron que me iban a enseñar dónde iba a trabajar y me llevaron a la calle Montera. Me quise morir al ver la cantidad de gente que pasaba por allí. Cuando me contaron que tendría que estar allí quieta, sin hablar con nadie les dije que me iba, que cogía un autobús y me marchaba a Rumanía. Entonces llamaron a los novios, dos rumanos «4×4» que se sentaron delante de mí a insultarme y amenazarme. Me iban a estar vigilando.

Vivía en un hostal por la zona de Sol con muchas chicas y un montón de proxenetas. Oía las palizas que les daban a las chicas que traían poco dinero a casa al acabar el día. Ellos se gastaban ese dinero en salones de juego, se compraban teléfonos y ropa cara.

Mi actitud aquí tampoco fue la que esperaban. Los clientes veían en mi cara y mis gestos que no me quería ir con ellos, así que no hacía dinero. Una noche llegué a casa y casi me matan.

Por suerte este calvario no duró mucho, mi estancia en la calle Montera no llegó a un mes.

Casi todos los días veía cruzar por allí un coche con una chicas, se trataba de una unidad móvil de trabajadoras sociales de una asociación, APRAMP (entonces desconocida para mí) que recorrían las calles buscando chicas que estuvieran en mi situación, nos daban preservativos y nos ofrecían información. Bueno, lo intentaban porque la mayoría de las veces no podían acercarse debido a que estábamos controladas y vigiladas de cerca. El caso es que la mirada de una de esas chicas se me quedó marcada…Volví a pensar que tenía que escaparme de allí.

Y ese día llegó. Una tarde como otra cualquiera estaba en Montera. Me dí cuenta de que las dos chicas que me vigilaban estaban ocupadas a la vez con clientes, algo que no suele pasar, y dije: Ahora o nunca. Era mi oportunidad, si no lo hacía entonces me costaría años escapar de esa pesadilla. Salí corriendo con todas mis fuerzas rumbo a una comisaría que estaba a pocos metros. Sabía perfectamente donde estaba la comisaría ya que todos los días pasábamos andando por la puerta de camino del hostal a la calle. Entré y apenas supe qué decir, las tres palabras que había aprendido me sirvieron para que los policías me entendieran. Estaba nerviosa, asustada, me preguntaban que qué me ocurría pero no me salían las palabras. Cuando uno de los policías le dijo a otro: «Esta chica es de Montera»…rompí a llorar de alegría.

Puse la denuncia a las seis de la tarde, a las doce me llevaron a declarar y de ahí a un piso de protección de víctimas de la trata… Pensé que todo había acabado, es curioso pero no tuve sensación de alivio, el miedo seguía. Miedo por no saber qué iba a ser de mí, si vendrían a buscarme y volverían a llevarme a la calle, a lo mismo… Nunca he dejado de tener miedo hasta el día de hoy. «

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Casi del tirón María me había contado su terrible historia, en un castellano perfecto, de manera serena y clara. Una historia que por desgracia tiene grabada a fuego y que no es la primera vez que contaba…

– ¿Cómo recuerdas esa primera noche en el piso de APRAMP para las víctimas? ¿Qué sentiste al ver a las chicas que vivían allí y que habían pasado por lo mismo que tú?

María: Me acuerdo de ver nada más llegar, la cara de Ana, una de las trabajadoras sociales que siguen en el centro. Todas son como nuestras madres. Jamás pensé que encontraría gente que me cuidara y me protegiera así. La adaptación con el resto de chicas fue muy fácil porque me vi reflejada en ellas. Empezaban a hablar y me di cuenta de que todas habíamos tenido vidas paralelas.

– ¿En qué ocupábais el tiempo allí? Me imagino que la labor de los psicólogos sería fundamental.

M. Yo enseguida me puse a aprender castellano, a los tres meses ya lo hablaba y entonces empecé con los psicólogos. Trabajé con una educadora, con los coordinadores. Después hice varios cursos: de restauración, textil, de geriatría…Todo lo que salía ¡lo hacía!

– ¿Cuándo llamaste a tu familia y cómo fue es llamada en la que les contaste todo lo que te había pasado?

M. Fue muy extraña. Mis padres lógicamente no daban crédito a lo que estaban oyendo. Ni siquiera sabían que estaba en España. Me repetían que era imposible, que ese chico era bueno y normal, incluso aseguraban haber estado hablando conmigo todo este tiempo. Les expliqué todo. Lo de las palizas, los encierros, que me había tenido que acostar con hombres que no quería… Mi madre entró en shock, se quedó bloqueada y me colgó, no supo reaccionar. Mi padre se fue a por él pero nunca lo encontró. Cuando desaparecí yo, desapareció él también. Mis padres pusieron una denuncia pero jamás le detuvieron por esta causa, dos años más tarde entró en la cárcel por el tema del tráfico de drogas pero ya ha salido.

– ¿Hablaste también con tu hermano?

M. Sí, hablé con él. Se puso a llorar y no quiso contarme lo del atropello entonces para no preocuparme más.

– ¿Y cómo fue el reencuentro con ellos en Rumanía?

M. Volví un verano y el reencuentro con mi familia fue bonito. Lo que ocurre es que a mí me han criado mis abuelos desde niña, con mis padres viví poco tiempo, apenas un año antes de que ocurriera todo esto. Cuando volví a mi pueblo hubo algo que no me gustó. Sentí que todo el mundo cuchicheaba… Los pueblos son así.

– ¿No te has planteado volver a vivir a Rumanía?

M. No, nunca. Ya no podría. La última vez que fui a mi país hace dos años me volví antes de tiempo. Tenía que estar quince días y regresé a Madrid a la semana. No sé si ha cambiado aquello o la que he cambiado soy yo pero ya no es lo mismo. Puedo ir de vacaciones pero nada más, me llena mucho más lo que tengo ahora aquí. Las chicas aquí conocen mi historia y me comprenden.

– Cuéntame lo que tienes aquí. Trabajas para esta asociación, APRAMP donde desempeñas una labor de «mediadora». Eres muy valiente…

M. Sí, al poco tiempo de llegar al piso de protección me ofrecieron un contrato para trabajar en la asociación como mediadora. Mi labor es hacer lo que hacían las chicas que te conté que salían por las calles, ¿te acuerdas? Salgo a la calle a buscar víctimas de la trata, a intentar sacarlas de ahí, rescatarlas. Por la noche vamos en coche y por el día paseando. Es una tarea muy difícil por lo vigiladas que están. Nos acercamos para darles preservativos, y folletos con información sobre sus derechos porque la mayoría no saben que los tienen. Les acompañamos al médico a hacerse reconocimientos. Y en el mejor de los casos, las animamos a denunciar y las ayudamos a escapar.

– Repito que eres muy valiente. Supongo que todo esto te traerá recuerdos nada agradables. En cambio, no se me ocurre nadie mejor que alguien como tú que ha pasado por esa experiencia para identificar a las víctimas…

M. Claro, yo las miro y sé lo que piensan sólo por sus caras. A veces intento hablar con alguna y me responde otra persona, la señora que la está vigilando. Entonces sé que esa chica está en apuros. De todas formas es algo que me ha costado, me costó cerca de un año ser capaz de volver a pasar por Montera. Gracias a Ana que vino conmigo la primera vez. Con ella también he vivido algún susto, nos han amenazado incluso por teléfono. Tenemos un teléfono de atención 24 horas para las víctimas en el que a veces nos amenazan, nos dicen que no nos metamos en sus cosas. Para las bandas organizadas las mujeres son mercancías que generan muchísimo dinero, no quieren que les fastidiemos el negocio.

– Supongo que aunque es una labor importantísima y gratificante a veces te hará sentir impotencia también por las cosas que tienes que presenciar

M. Muchísima. Varias veces hemos visto cómo en nuestra cara los proxenetas les quitan el dinero a las chicas o que ellas llevan 500 euros en el bolso pero no pueden gastarse nada para comer. Tienen que pagar entre 250 y 400 euros por ocupar un trozo de calle… Seis años después digo viendo allí a las chicas que estaban cuando yo ejercía. Algunas de ellas se me quedan mirando cuando paso por allí y me saludan. Al principio me miraban mal pero ahora me sonríen. Otra de ellas también consiguió escapar y estuvo aquí.

– ¿Cuál es la principal causa de que no haya más denuncias ?

M. El miedo, todas estas chicas tienen miedo. Miedo por lo que les pueda pasar a sus familias, sus hijos, sus padres. Hay veces que los proxenetas van a las casas de las chicas, le compran un regalo a sus hijos, se hacen una foto con el niño y se la enseñan a la madre mientras le dicen que tenga cuidado, que saben donde vive y que si se le ocurre escapar irán a por su hijo. Entonces prefieren sacrificar su vida por la de su familia. También tienen miedo de llegar a casa sin dinero, algunas no pueden entrar por la puerta hasta que no hayan conseguido 800 euros, de los contrario les espera una paliza.

– ¿Cuántas chicas podéis atender al día?

M. Entre 260 y 280 chicas. Hay muchísimas.

– ¿En qué consiste exactamente lo de las «deudas» que tienen que pagar estas chicas?

M. las deudas son una excusa para tenernos esclavas de por vida. Por ejemplo las nigerianas tienen que pagar 80.000 euros, las amenazan con hacerles vudú y cosas así. Las rumanas nunca terminan de pagar sus deudas. Cuando no ganan dinero con ellas las cambian por otras. Carne fresca como se suele llamar. Los hombres quieren carne fresca, cuanto más jovencitas mejor. Es una pena.

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-Me contabas antes María que en algunos casos las chicas que consiguen salir de la prostitución se encuentran con otro problema que es desengancharse de las drogas.

M. Sí, yo en este tema tuve «suerte», nunca me obligaron a consumir creo que porque ni fumo ni tomo café y mi novio pensó que si lo hacía igual me mataba antes de lo previsto… Pero cada piso tiene sus normas. En algunos tienes que hacer un francés natural, en otro consumir cocaína… No puedes saltarte las reglas. Hay muchísimas chicas ejerciendo que están enganchadas.

-¿Y ahora qué María? ¿Cómo es tu vida?

M. Puedo decir que es una vida normal. Llevo dos años viviendo en un piso con una amiga, vengo aquí a trabajar. Bueno, y estoy con un chico…(sonríe)

-Te ha costado mucho volver a confiar en un hombre?

M. Muchísimo, cinco años exactamente. Pensaba que todos me llevarían a lo mismo. Cuando le conocí, empezamos a salir y empecé a confiar al cabo del tiempo, me sentía como un niño pequeño cuando aprende a caminar, era como la primera vez, sentí que volvía a caminar otra vez.

-¿Cómo es él?

M. Él es español, es un hombre muy noble, conoce toda mi historia. Me apoya y aconseja mucho. Y es muy paciente, a veces no sé cómo me aguanta. Supongo que por todo lo que he vivido a veces no puedo evitar estar a la defensiva, salto por todo. No me gusta que me diga cómo tengo que hacer las cosas ni nada que se parezca a una orden. En mi país, los hombres mandan y las mujeres obedecen.

-Me decías que tienes una vida normal, pero claro, eres testigo protegido de por vida…

M. Por eso te digo que normal normal no es. Soy testigo protegido, me llaman una vez al mes para ver como va todo, si he recibido alguna llamada rara o si ha pasado algo. Yo he pasado página pero lo que he vivido es algo que no se olvida, no se puede borrar. Ya no me hace daño pero es como una mancha que no sale. Da igual que estuviera relativamente poco tiempo ejerciendo, poco más de un año. Aunque sólo hubiera sido una vez te marca igual que si lo haces durante años. El calvario es el mismo. Las palizas, los insultos, lo que tienes que aguantar, la pérdida de confianza en tí misma es lo peor que te puede pasar en la vida.

-¿Cómo te imaginas tu vida dentro por ejemplo de diez años?

M. Bueno dentro de ese tiempo me imagino que me estaré asentada y tendré una familia, quizá niños. Me gustan mucho los niños, me encantan. Pero no soy de hacer planes a largo plazo, los hago de un día para otro, en Rumanía también tenía mis planes y mira dónde he llegado…

Terminamos la conversación después de más de dos horas y tengo que reconocer que habría seguido escuchando a María dos horas más.

Salimos de la sala para despedirme del resto de chicas a las que María definió como su familia. «Somos amigas, cada una tiene su cultura pero entre nosotras nos apoyamos, somos hermanas«. «Vuelve otro día», me dijo.

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Me fui, con un nudo en la garganta, con ganas de saber más… Y os confieso que esa noche me costó dormir, no podía parar de pensar en lo que me había contado María. Cuatro días después sigo dándole muchas vueltas. No puedo entender que en el siglo XXI sigan ocurriendo estas cosas. Seguro que todos los que habéis leído la historia de María sentís ahora la misma rabia, a veces cerramos los ojos ante realidades que sabemos que existen pero no queremos ver, a menudo pensamos que no podemos hacer nada para ayudar y más en temas tan complejos como el de la trata de personas. Esto no es así, hay algo que podemos hacer. Quizá no podamos erradicarlo de golpe pero sí intentar hacerlo visible. Debemos ser conscientes de las injusticias y denunciarlas. No lo olvides: CON LA TRATA, NO HAY TRATO.

Gracias María por tu valentía, tu fuerza y tu verdad sin paños calientes. Gracias también a Rocío, María José, Ana y todas las mujeres que forman parte de APRAMP desempeñando una labor tan bonita y a todas las chicas del centro por el detalle que con tanto cariño hicieron para Martín: Un delantal y un gorrito de cocinero. Menos mal que siempre aparecen los niños, que nos recuerdan todo lo bueno…

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¡Ah! Gracias también a todos los que habéis empleado vuestro tiempo en leer este post tan largo 😉 .

Ninguna mujer ejerce libremente la prostitución
Rocío Nieto


376 Comentarios

  • 1. Elena lcl  |  25 mayo 2015 - 16:41

    Hola Reina!!!

    Ahora mismo tengo un nudo en la garganta, me parecia estar leyendo una pelicula!!! menos mal que en el caso de Maria ha tenido un final «feliz»…
    Espero que haya muchas chicas como ella que puedan salir de eso….
    una vez mas gracias por escribir un blog como este, muchas veces juzgamos sin ver lo que hay detras de cada una de ellas.
    un besazo para ti y otro para Maria y sus hermanas.

  • 2. susy  |  25 mayo 2015 - 16:44

    Hola Sara! Gracias por aportar tu granito de arena en esta cuestión, haces sensibilizar y sacar a la luz historias ocultas que parece que no existen porque no se quieren escuchar. Conozco la Asociación, soy educadora social y trabajo impartiendo talleres socio laborales aunque eso si, con otro colectivo diferente pero igual de complejo. Muy buen post como todos los que haces. Un besazo enorme!

  • 3. Nika  |  25 mayo 2015 - 16:50

    Hola Sara! Es admirable como te implicas en las injusticias sociales. a María tb es admirable por su valor por conseguir salir de ese horror y dedicar su vida a ayudar a otras en esa situación. Un bsikos para las dos 😉

  • 4. sunbystar  |  25 mayo 2015 - 16:53

    Tremenda y dolorosa historia. Ojalá nadie tuviese que pasar por esto.

  • 5. María A.  |  25 mayo 2015 - 16:54

    Nunca había escrito ningún comentario en ningún sitio, pero me ha tocado mucho esta historia. Sólo quiero transmitir un mensaje de paz y sosiego. Según te haces mayor supongo que te haces más consciente del dolor propio y ajeno… Sé que es difícil consolar, pero según pasan los años también me doy cuenta de que la vida a cada uno le pone en su sitio. Que los malos tiene malas vidas, que con ayuda se puede salir del agujero más profundo (pide ayuda!) y que siempre hay que ir a por el camino que de verdad quieres. «Para avanzar no tienes que ver toda la escalera, basta con subir el primer peldaño para ver el siguiente». Sara, te felicito por tu blog.

  • 6. Sofía  |  25 mayo 2015 - 16:55

    Hola Sara, olé por tu post…que utilices tu blog para denunciar injusticias dice mucho de ti. Una historia conmovedora…no puedo entender como hay personas que aún sabiendo todo lo que estas mujeres sufren, promuevan sus servicios, es totalmente inhumano y cruel, no lo puedo soportar. Esperemos que algún día la sociedad avance y la esclavitud sexual pueda desaparecer. Es como tu dices, está tan presente a día de hoy que la gente mira hacia otro lado como si fuera una cosa normal. Gracias por dar a conocer esta iniciativa y utilizar tu blog para estos fines. Un abrazo fuerte.

  • 7. Sandra  |  25 mayo 2015 - 16:56

    ¡Hola Sara! Que post más duro la verdad. Aunque ha sido largo no he tenido la sensación de haber perdido el tiempo sino al contrario, de haber tomado conciencia de muchas cosas que desconocía. Muchas gracias por implicarte tanto con el blog y por acercanos realidades que en muchos casos vemos demasiado lejanas. Hay que tomar conciencia de lo que pasa en el mundo y de la suerte que tenemos y que muchas veces no sabemos apreciar. Con un nudo en la garganta estoy ahora mismo. Increíble la valentia de María y de muchas otras mujeres que sufren situaciones parecidas.
    Un beso enorme y que guapo el chiquitín con los regalos que le hicieron.

  • 8. Run_ning  |  25 mayo 2015 - 16:56

    Sin palabras….

  • 9. Irene  |  25 mayo 2015 - 16:59

    Fantástico post… Gracias por aprovechar ese altavoz que tienes para este tipo de causas. La verdad que necesitaba leer algo así, algo que me ayudara a seguir hacia delante porque estoy opositando para Policía Nacional precisamente para poder aportar mi granito luchando, a poder ser, contra esta lacra. Soy licenciada en Derecho y parece que todos se ponen de acuerdo para animarme a opositar a puestos mejor vistos socialmente (llámalo judicaturas…) pero creo que la labor social que hace la policía es maravillosa.
    Gracias!

  • 10. Inma  |  25 mayo 2015 - 17:11

    Hola Sara!! Como siempre poniendo el corazón en lo que haces! Un gran post para abrir los ojos y conocer la situación en la que viven muchas mujeres y la importancia de las asociaciones que ayudan a que esto algún día esto solo sea un mal recuerdo y puedan seguir adelante! Grandes todas ellas! Preciosas las cosas que hacen para vender. Por cierto Martín esta para comérselo con el gorro y el delantal!! Y que grande esta en la foto!! Un fuerte beso Sara para ti y Martín!!

  • 11. Gabriela Olmos  |  25 mayo 2015 - 17:11

    Impactantes historias la verdad. Es un tema que no se quiere tocar mucho pero hay bastantes casos de niñas de 12 o 13 años que están dentro de este mundo desde hace tiempo. Sara, esto es una contribución para que la gente se de cuenta de cómo podemos ayudar.

  • 12. Olaya  |  25 mayo 2015 - 17:13

    Buenas tardes Sara,
    Es la primera vez que me animo a escribir, a pesar de que te leo semanalmente. Creo que en nuestro día a día vivimos tan sumamente pendientes de aspectos sin importancia que no somos conscientes de lo que sufren algunos a nuestro lado. Nos hemos vuelto inmunes al dolor y siempre sufren los mismos. Lo cierto es que yo ante el dolor me sensibilizo demasiado, como creo que tu también lo haces; me parece muy noble por tu parte, demuestra que eres más que la novia de Iker. Creo que este tipo de periodismo si que es realmente tu estilo. Gracias por acercarnos esta realidad, mucho más transcendental que el look que puedas llevar. Saludos.

  • 13. Sandra #TodoElRatoSinParar  |  25 mayo 2015 - 17:16

    No dejas de sorprenderme…y para mejor siempre! Me encanta este post cielo…es duro pero real…como la vida misma. Dice mucho de ti que nos hagas llegar estas entrevistas mediante tu espacio -blog personal…Me ha encantado en serio…y me has vuelto a sacar la vena de «periodista frustrada» que aún llevo a mis espaldas recordando lo bonito que era, a la par que duro, realizar trabajos de investigación sociales…La vida me ha llevado por otros derroteros y tuve que abandonar mi carrera para volver a mi ciudad natal y realizar otra carrera …pero con estos post me sale la vena periodística y consigues que mire con más nostalgia aún si cabe mi estancia en Madrid…Gracias por contarnos todo esto, por transcribir la entrevista y hacérnosla llegar. Un beso fuerte

  • 14. Mery  |  25 mayo 2015 - 17:21

    Qué triste… todos nacemos libres, en qué momento alguien se siente con la libertad de coartarnos?
    Ánimo para estas mujeres, no merecen ese sufrimiento…

  • 15. laura  |  25 mayo 2015 - 17:25

    Hola sara magnifico post ante la trata no ahi trato!!!!

  • 16. ana  |  25 mayo 2015 - 17:26

    Muchas gracias por compartir esta historia. Me he quedado sin palabras…qué triste 🙁

  • 17. Ilham  |  25 mayo 2015 - 17:27

    Sin palabras… ojalá que dentro de un tiempo (no muy lejano) no exista este tipo de casos.. Un beso Sara grandísimo post

  • 18. laura  |  25 mayo 2015 - 17:28

    Hola sara magnifico post. Ante la trata no ahi trato. Y otra cosa aparte cuando un post de slow love? Besoos

  • 19. Flashion Blog  |  25 mayo 2015 - 17:30

    Hola Sara :
    Después de leer este marivilloso post , tenemos los pelos de punta o como tu bien dices un nudo en la garganta.
    El caso de María parece una auténtica película , que piensas que nunca se va a hacer realidad , pero lamentablemente existe y pasa .
    Hay que dar las gracias a María por ser tan fuerte , contar su historia y sobre todo salir adelante después de todo ese calvario .
    Lo que más nos ha sorprendido es en la cifra de chicas que ayudan a diario. Es una barbaridad .
    Esperamos que puedan salir de todo ello .
    En relación ha este post te queríamos hacer unas preguntitas :
    – ¿Cómo abordaste la idea de este post ?
    -¿ Qué te llevo a elaborarlo ?

  • 20. Ximena  |  25 mayo 2015 - 17:32

    Hola Sara!

    Es la primera vez que te escribo, sigo tu blog desde el comienzo, y la verdad que con este blog de hoy, admiro mucho más tu trabajo, de verdad es un tema impactante y chocante que en pleno siglo XXI, después de años de esfuerzo por luchar contra los derechos de la mujer sigan pasando estas cosas, pero lamentablemente los intereses de por medio se llevan las iluciones y la dignidad de muchas mujeres.

    Muchas gracias, por este blog!!!

    Un abrazo

  • 21. Lorena  |  25 mayo 2015 - 17:32

    Sin palabras. Muchas gracias por el post. Eres un encanto y muy comprometida.

    Besazos,
    http://www.preparadaslistasya.com

  • 22. Luisa  |  25 mayo 2015 - 17:32

    Enhorabuena por el post Sara, impresionante!! Una historia que engancha y estremece
    Y Martin una monada para variar
    besazo

  • 23. Anti  |  25 mayo 2015 - 17:35

    Gracias x este post Sara. En algún momento te emocionaste durante el relato de María?

  • 24. Vane  |  25 mayo 2015 - 17:36

    Hola Sara!me quedo sin palabras….y con tristeza y dolor….de pensar en su sufrimiento de María y de tantas…
    Gracias por colaborar en campañas tan humanas y duras a la vez
    Una pregunta, me imagino que cuando estuviste en la asociación te darían mucha información de la trata y la prostitución…. Al legalizar la prostitución no disminuiría este horror que es la trata?
    Un besazo sara! Buena semana!
    Martín esta hiper precioso!

  • 25. Laura  |  25 mayo 2015 - 17:37

    Hola Sara! Si te soy sincera no he podido terminar de leer el post. No puedo… Sólo pensar que hoy en día pasen éstas cosas… Bufff
    Muchas gracias por hacer eco de situaciones como estas en las que nos hacen pensar y darnos cuenta de lo que tenemos.
    Un beso muy fuerte y enhorabuena por tus entradas, es un lujo poderte leer.
    Martín guapisimo!!