Cuando nadie me ve – Sara Carbonero » Cartas en el cajón

27 septiembre 2015

Cartas en el cajón

Tus amigos han estado preguntando por ti,
y tú seguías sudando la tristeza.
Tú vida era un blues de Brownie Mcghee,
cualquier regate te rompía la cadera.

”Sudando la tristeza”, Leiva

La semana pasada tuve una visita que me hizo especial ilusión. Una amiga que hacía tiempo no veía vino hasta Oporto. Nada más vernos me dio una carta que me había escrito. No os podéis imaginar mi felicidad, la mezcla de sensaciones que me produjo leerla. Sobre todo sentí nostalgia de aquellos tiempos en los que la comunicación escrita era muy diferente a como es ahora.

Recuerdo intercambiar direcciones con los compañeros de colegio cuando llegaban las vacaciones para escribirnos y no perder el contacto durante el verano ya que muchos se iban a sus  pueblos o a la playa.

Me encantaba sentarme delante de un papel en blanco y ponerme a relatar todo lo que por entonces acontecía en mi vida. Recuerdo viajar a conocer diferentes ciudades y buscar desesperadamente esa “postal perfecta”, la más bonita de todas para hacérsela llegar a mis amigas y de paso que se muriesen de envidia 😉 Claro que también me encantaba recibirlas, porque eso significaba que esa persona se había acordado de ti para enviarte un “trocito” de su viaje. Era además una manera de saber que todo estaba bien. Y es que antes, cuando un amigo se iba de viaje no tenías noticias suyas hasta su vuelta, salvo si le daba por enviarte una carta o postal. A veces, con la mala suerte de que esa carta llegaba cuando tu amigo ya estaba de vuelta de sus vacaciones.

Me acuerdo perfectamente de la emoción que sentía cuando llegaba el cartero con una carta a mi nombre. Por un lado estaban las postales, y por otro las “cartas testamento”. Esas cartas en las que tu amiga te contaba con pelos y señales todo lo que estaba haciendo durante el verano: los primeros disgustos con el chico que le había robado el corazón, las largas noches sin dormir en las fiestas  del pueblo, la asignatura pendiente que no conseguía sacarse de encima… Eran cartas compuestas por varios folios, a veces incluso venían enumerados para no perder el hilo. Y a veces, (entonces la alegría era completa) dentro del sobre tu amiga te había metido un regalo, un detallito, una pulsera, un pin, un sello bonito…

postales

La comunicación y las relaciones han cambiado mucho. Lo que antes era algo cotidiano como recibir una postal, ahora podríamos decir que  está prácticamente en “vías de extinción”. Esta costumbre ya tiene algunos años, nos tendríamos que remontar a la época de los romanos, en la que el servicio postal, “el cursus publicus”, recorría toda la península llevando noticias. Ser cartero entonces era sin duda un trabajo bastante peligroso si tenemos en cuenta que este servicio se reservaba al ejército y a los administradores romanos (aunque posteriormente se añadió otro servicio para los ciudadanos) y en numerosas ocasiones estos carteros eran víctima de los delincuentes.

La llegada de internet a nuestras vidas ha supuesto una enorme apertura al mundo. Podemos tener todo tipo de información en la palma de nuestras manos. Podemos comunicarnos de forma inmediata con aquellos que están más lejos de nosotros e incluso podemos comunicarnos con personas que ni siquiera conocemos. Sin duda un avance muy positivo.

Al principio no todo el mundo tenía internet en sus hogares, algo hoy prácticamente impensable. De hecho, primero llegó la moda de los cibercafés donde la gente comenzaba a chatear ¡cuánto ha cambiado el mundo del Chat! ¿Os acordáis cuando estabas deseando salir de la universidad para hablar con vuestros amigos por Messenger o cuando negociábamos con nuestras compañías de telefonía móvil el número de SMS que podíamos enviar al mes? Esos mensajes de texto tan limitados que dieron lugar al MMS que además nos permitía enviar fotos. Nunca olvidaré mi primer teléfono móvil. Era un Alcatel One Touch Easy color verde. Podía pasarme horas mirando su pantalla  para ver si aparecía el dibujito del sobre que me indicaba que tenía un nuevo mensaje. Los mensajes nunca han sonado mejor que entonces.

alcatel verde

Pero sin duda la gran revolución, lo que verdaderamente nos hizo felices fue la llegada del Whatsapp. Por  fin éramos libres, por fin podíamos estar conectados con toda nuestra agenda durante horas. Escribiéndonos sin límite de palabras, enviando fotos, vídeos, notas de voz. El Whatsapp también abrió la puerta a algo no tan bueno desde mi punto de vista. El estar  siempre localizados e incluso “vigilados” cuando estamos en línea. Por no hablar de la llegada del nuevo doble tic azul que da buena cuenta a la persona que envía el mensaje de que lo hemos leído. Esto tiene sus ventajas y sus inconvenientes. Seguro que a muchos os ha pasado aquello de que un amigo tarde en contestarnos a un mensaje cinco horas pero cuando estamos tomando algo con él mira el teléfono cada  cinco segundos. Y seguro que casi todos habéis vivido alguna situación parecida como la que refleja este vídeo que vi hace tiempo, pero que tanta gracia me hace.

Sí, las nuevas tecnologías nos acercan al mundo, podemos “viajar tecnológicamente” a cualquier lugar, comunicarnos con alguien que está en la otra punta del mundo, pero también creo que nos aleja de nuestro mundo más cercano. Me explico. La tecnología ha hecho que las conversaciones se reduzcan, ¿cuántos de vosotros habéis sido testigos de la siguiente escena? Pareja con hijos cenando, padres enviando desde sus móviles documentos o mails al trabajo, hija mayor chateando vía whatsapp con sus amigas y niño con su tablet jugando al candy crush o similar…Todos ellos sin duda están conectados, muy cerca del mundo pero muy lejos de las personas con las que comparten cena.

Captura de pantalla 2015-09-24 a las 15.21.24

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A veces pienso que se nos está olvidando lo bonito que es hablar con alguien mirándole a los ojos, los ojos muchas veces transmiten sensaciones que ni las palabras son capaces, también el tono de voz que nos indica si alguien está triste, contento, enfadado.

Todo esto sin entrar a hablar de la manera que tenemos de escribir y de expresarnos en los mensajes escritos. Este es un ejemplo de conversación:

con emojis

O lo que es lo mismo…

sin emojis 2

Todo cambió en nuestras vidas cuando conocimos a los emoticonos. Esos dibujitos que ponen el tono a nuestras palabras y ayudan a contextualizar lo que queremos decir. (Vale, y la mayoría de las veces sirven para reírnos un rato).

Los emoticonos tampoco son algo nuevo. “El padre de los emoticonos”, Scott Fahlman, los usó por primera vez en los 80, entonces no tenía ni idea de que se convertiría en un fenómeno tan viral. Surgieron  de la necesidad de añadir una emoción a los mensajes que se intercambiaban profesores y alumnos por internet.

Los emoticonos aportan ese toque emocional a nuestras conversaciones escritas, introducen la broma, la ironía, el sarcasmo… porque a veces, no es fácil distinguir el tono del mensaje. Hemos de reconocer que un punto y coma y un paréntesis de cierre ayuda bastante 😉 por no hablar de la carita de sorpresa, el grito de Munch, los corazones (en todas sus variedades y colores), la tarta de cumpleaños, las palmas, la flamenca, el paraguas, la carita con ojos de corazones…Todos tenemos nuestros favoritos.

Fijándome de nuevo en la conversación de whatsapp que compartía con vosotros vuelvo a darme cuenta de algo y es que gracias a las tecnologías conseguimos no tener límites de palabras a la hora de enviarnos mensajes y  sin embargo cada vez las utilizamos menos. Algo que como periodista y amante de las palabras me da cierta pena.

Pero no voy a ser yo la que tire la primera piedra. Me confieso pecadora, no sólo utilizo emoticonos en mis conversaciones, sino que en ocasiones necesitaría más… por ejemplo unos dedos cruzados, carita de duda, un beso intermedio entre el que lleva corazón y el que no lo lleva, siempre dudo sobre si debo poner “carita beso corazón” o “carita beso sin corazón” porque la que no lleva corazón quizá resulte fría pero si mandas un beso con un corazón ya son palabras mayores ,-) … pero lo peor de todo ¿cómo es posible que aún no exista un emoji para la  “paella”? ¿Ahora cómo invito yo a mis amigos este domingo?

Sin duda todo avance es bueno, pero sin pasarnos. Me gustan las palabras y creo mucho en el poder de las mismas. Es importante saber utilizarlas bien, como también lo es leer y creo que el uso de todas estas tecnologías de alguna manera están haciendo un flaco favor a los más jóvenes a la hora de saber expresarse.

Cada vez necesitamos menos redactar correctamente una frase porque hay elementos, como los mencionados emojis, que lo suplen. De ahí que cada vez se cometan más errores ortográficos o que nos esté afectando en la comprensión en la lectura.

Por eso quiero reivindicar el uso de estas palabras. Pediros que redactemos, que leamos, que volvamos a comunicarnos, a escribir cartas y postales.

A enseñar a los más pequeños las buenas costumbres de antaño y la riqueza de las letras.

escribiendo 1

Escribiendo 2

postal foto 3

sello

buzón 2r

montaje detalle buzón

buzon 5r

montaje cabina 1

montaje cabina 2

Cabina - Sola

Gracias a Ana Carolina por su ayuda y por hacer de fotógrafa improvisada con su teléfono, en una mañana cualquiera.

Que hoy os cuente todo esto no es casualidad. Como os decía al principio del post, la semana pasada vino a verme a Oporto una amiga, una amiga del instituto a la que conocí hace casi 20 años, mucho antes de la aparición de todas estas tecnologías. Una amiga que además es de un pueblo cerca del mío, probablemente la amiga con la que más cartas, postales y Christmas me he mandado en toda mi vida. Algunas de esas cartas las escribíamos aún habiendo pasado todo el día juntas y aún sabiendo que volveríamos a vernos la mañana siguiente en clase. Siempre teníamos temas de los que escribir. Ella era mi otra mitad durante los años que duró el instituto. Por su “culpa” empezaron a gustarme las Dr. Martens y por su “culpa” también me hice el piercing del ombligo que poco después me quité. Siempre nos sentábamos juntas,era la única manera de poder “pintarrajearnos” las agendas mutuamente y escribirnos mil y un mensajes que todavía conservamos. Después, al irnos a vivir Madrid nos distanciamos, pero con el tiempo volvimos a encontrarnos.

Es una larga historia pero lo importante es que muchos años después hemos estado juntas aquí, en Oporto. Nada más verla le dije “ya ves, todo sigue más o menos igual que cuando nos vimos la última vez” a lo que ella me respondió: “claro, sólo has tenido un hijo y vives en otro país”. Nos reímos, mucho y brindamos por aquellos maravillosos años.

Gloria, así se llama mi amiga, vino con una carta y con un detalle para mí como el que nos metíamos en los sobres. No era un detalle cualquiera, era un anillo de flores que teníamos igual las dos. Lo llevábamos siempre pero en un pequeño enfado ella se quedó el mío. Y vino con un montón de anécdotas que yo  tenía casi olvidadas y otro sin fin de palabras bonitas, de esas que te ayudan a recordar lo que fuiste cuando por momentos también se te olvida. Leí la carta en la cama y me emocionó muchísimo, tenía la misma letra preciosa  de siempre.

Desde aquí, si me está leyendo, le doy las gracias por ello y te prometo, fea, que nunca me quitaré el anillo, aunque se me ponga el dedo verde ,-)

anillo opción 1

Gloria y yo

Postal foto 4

“La ilusión no se come – dijo la mujer. – No se come, pero alimenta. Replicó el coronel”

Gabriel García Márquez.


182 Comentarios

  • 1. Verónica  |  5 octubre 2015 - 08:53

    Hola Sara,
    no suelo comentar mucho pero te leo siempre. ¡Qué acierto de post! La verdad que la tecnología es importante pero no debe atarnos ni limitarnos. Yo no tengo “whatsapp” por decisión propia y siempre suelo enviar postales o dejar cartas escritas a amigos y familiares. Eso sí, los mails los utilizo mucho para comunicar con la família que tengo lejos y los mensajes sólo los envío cuando son necesarios.

    Creo que es importante adaptarse a las tecnologías pero un uso excesivo estresa y, también, limita mucho la atención (como el dibujo de la chica que mira el pájaro mienttras su pareja mira el teléfono,jejje, que con tan acierto has puesto en tu post. Me encanta). Algunas veces por mirar la pantalla no disfrutamos de lo hermoso que nos rodea. Una lástima, verdad?

    Además, estoy de acuerdo contigo con el uso de la escritura, cada vez escribimos peor e infravaloramos la importancia de una buena escritura y de una correcta ortografía. Como decía Alaska, soy de las del siglo XX, las personas que les gusta escribir bien. (o, al menos, intentarlo).

    Un abrazo y gracias por seguir mostrándonos un poco más de tí con cada post.

  • 2. Isabel  |  10 octubre 2015 - 00:52

    Hola guapisima te felicito por tu blog es maravilloso asi nos das la oportunidad de hablar contigo y saber mas de ti me gustaria saber que colonia o perfume usas y cuantos idiomas hablas muchisimas gracias y un besazo enorme

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