Cuando nadie me ve – Sara Carbonero » Piel con piel

29 septiembre 2017

Piel con piel

“Aún no te he visto y creo en ti,
fui agnóstico hasta  que vi tu patata latir,

y desde ahí solo sigo tu metrónomo,
y tus bmp, perdón, tus besos por mil”

“Pequeño torbellino”, Rayden y Mäbu

Hace justo una semana regresé del que ha sido hasta la fecha el viaje que más me ha marcado en toda mi vida.

Cuando UNICEF me propuso viajar a Senegal sentí una mezcla de alegría, nervios, vértigo… Era mi oportunidad soñada, siempre había querido hacer un viaje así pero no veía el momento.

– Venga, que además no vas sola, irás con tres mujeres que también se dedican a la comunicación y son mamás. Tenéis muchas cosas en común y será una aventura.

Creo que tardé como mucho dos horas en tomar la decisión. La respuesta ya la sabéis.

Recuerdo que una de mis primeras preguntas fue ¿Por qué Senegal? La respuesta fue “para ver los proyectos que tiene UNICEF de supervivencia infantil, los avances que se han hecho y los retos que existen en esa materia. Y también para mostraros cuales son los desafíos para los niños y las madres en un país del África Subsahariana.”

Día 1:

El lunes 18 de septiembre volé de Porto a Madrid y en el aeropuerto me encontré con las que serían mis compañeras de viaje. A Belén, Responsable de Contenidos de UNICEF Comité Español ya la conocía puesto que fuimos juntas a ponernos las vacunas correspondientes. Con Diana, Directora de Comunicación de UNICEF España, había hablado por teléfono y a Marian, Natalia y Lucía las conocí en ese mismo momento, una hora y media antes de subir al avión. Nos saludamos, hablamos un poco, nos hicimos la foto de rigor de “inicio de viaje” y despegamos.

El vuelo duró 4 horas largas pero a mi me parecieron diez minutos. Sentada al lado de Diana y Lucía no paramos de hablar del viaje, de UNICEF, de los niños, de educación, de sentimientos, de inteligencia emocional… Lucía, pediatra y mamá de dos niños, me resumió con mimo los puntos mas interesantes de su conferencia llamada “Educar desde la tranquilidad” y cuando me quise dar cuenta estábamos aterrizando y yo con la lágrima colgando… Es cierto que es fácil conectar con alguien cuando se toca el tema “niños” pero en este caso además hubo magia.

Llegamos a Dakar y enseguida nos ocupamos de uno de los temas que más nos preocupaban: los datos móviles y la comunicación. No tanto por estar en contacto con los nuestros como por ir contando lo que íbamos viviendo en tiempo real. Necesitábamos transmitir un mensaje y no podríamos hacerlo sin el dichoso 3G. Por suerte mientras esperábamos la cola para pasar el control de pasaportes conocimos a unos chicos gallegos muy majos que vivían cuatro meses al año allí, en un barco.

– Lo mejor es que compréis una tarjeta de aquí y la metáis al teléfono estos días.

Dicho y hecho. Aunque alguna de mis compañeras era un poco reacia a la idea le hicimos caso y nos fuimos directas al mostrador Orange del aeropuerto. Acertamos. La tarjeta nos salvó.

Llegamos al hotel justo a tiempo para cenar algo rápido. Al día siguiente madrugábamos mucho y nos esperaba un día duro. Nos repartimos las habitaciones – a mi me tocó Zanzíbar– , nos pusimos el pijama y nos fuimos a dormir. Antes de hacerlo volvimos a salir al pasillo y hablamos de la posibilidad de dormir juntas, como si ya intuyéramos que la noche no iba a ser fácil, con la esperanza de quedarnos dormidas mientras hablábamos de algo bonito. Finalmente cada una se fue a su cama a digerir las primeras impresiones que ya habíamos tenido de camino al hotel. Dormí dos horas y media.

 

Día 2:

El martes nos despertamos temprano y nuestra primera parada fue  la sede de UNICEF en Dakar. Allí conocimos a todo el equipo que nos explicó con datos y un Power Point la situación de la infancia y la maternidad en Senegal. Las estadísticas son demoledoras.

UNICEF lleva trabajando en Senegal desde el año 1958. El país cuenta con 15 millones de habitantes de los cuales casi la mitad tienen menos de 18 años.

Senegal está en el puesto 168 del índice de Desarrollo Humano (de un total de 188 países), España en el puesto 27.  La pobreza afecta al 40 por ciento de la población y aunque en la última década se ha conseguido reducir en más de la mitad la tasa de mortalidad infantil, los índices siguen siendo elevados.

Actualmente mueren 27.000 niños menores de cinco años cada año, lo que hace una media de 74 al día.
Según nos contaron allí en la oficina, mueren 51 niños por cada 1.000 nacidos vivos. Para que os hagáis una idea en España hablamos de 4 de cada 1.000, lo que supone que en Senegal este índice es 12 veces superior.

Además 1 de cada 4 niños no es registrado al nacer, 1 de cada 2 si hablamos de zonas rurales. Los niños no registrados es como si no existieran. Se les niegan sus derechos más básicos: a recibir vacunas, la educación y protección adecuada.

Una de las cosas que más me sorprendió fueron los datos acerca de la maternidad. Para ponernos en situación nos mostraron unos proverbios africanos que hablaban del riesgo que supone para una mujer traer un hijo al mundo. Uno de estos refranes dice que cuando una mujer se queda embarazada está poniendo un pie en la tumba. Esta frase nos puede parecer exagerada hasta que conocemos datos como el de que en África subsahariana 1 de cada 22 mujeres mueren al dar a luz (En Europa la relación es de 1 cada 7.300). Allí una mujer embarazada es prácticamente una heroína porque se enfrenta a una situación que pone en peligro su vida. Solo en Senegal 4 mujeres mueren cada día por complicaciones en el parto.

También hablamos de otros temas importantes como son el matrimonio infantil que afecta a 1 de cada 3 mujeres y la vacunación infantil.

Este rato en la sede de UNICEF y la charla de Georges Gonzalez, Representante adjunto, resultaron claves para contextualizar un poco y esto nos ayudó a tener una idea general de lo que veríamos los próximos días. Nos despedimos de todos los miembros del equipo y seguimos nuestro camino.

La siguiente parada sería el centro hospitalario Albert Royer, concretamente fuimos a conocer la “Unidad Canguro”. ¿Habéis oido hablar alguna vez de este método? Para mi no era desconocido. Una de mis mejores amigas tuvo mellizas hace algo mas de dos años y nacieron prematuras. Tuvieron que pasar aproximadamente sesenta días en el hospital hasta que cogieron el peso suficiente y recuerdo perfectamente verlas acurrucadas en el pecho de mi amiga sin separarse de ella durante horas. “Estoy haciendo canguro”, “es la mejor manera de ayudarlas a crecer sanas y fuertes en estos primeros días de vida” me dijo. Mi amiga combinaba el método canguro con la incubadora. En África hay muy pocas incubadoras. De hecho, cuando llegamos a la unidad destinada a esta práctica dentro del área de neonatología, vimos que era muy pequeña y apenas tenía tres camas.

– El objetivo es llegar a tener diez, nos dijo el profesor Fai, el jefe de servicio. También nos contó que aquella era la unidad de referencia de neonatos de todo el país y que hasta allí se desplazaban niños prematuros de la región para ser atendidos.

Lo más importante una vez que el bebé está estable (en ocasiones tienen que pasar por la sala de reanimación) es formar a las madres para que puedan darles todos los cuidados que necesitan. Acompañarlas y apoyarlas para practicar este método que, como su propio nombre indica, consiste en colocar al bebé en posición de canguro piel con piel contra el pecho de su madre y los pies apoyados debajo del pecho. Esta posición proporciona al niño el calor que necesita y favorece su desarrollo encontrándose casi como si estuviera en el vientre de la mamá.

La siguiente en tomar la palabra fue la enfermera Mareme Wade para contarnos que actualmente tienen mucha demanda de este servicio. La unidad lleva en marcha seis años desde 2011 y han atendido a más de 400 niños.

Escuchamos atentas sus palabras antes de pasar a la habitación donde estaban las mamás con sus bebés haciendo “canguro”. No estaban solas, sentada en una silla las acompañaba sin quitarles ojo Madame Fall, la enfermera responsable de la unidad. Una mujer carismática que enseguida nos conquistó por su simpatía y su manera de hablar, repitiendo una y otra vez que las bases del método son la comunicación, la higiene y la confianza. Su papel es el de comunicar a las madres lo que tienen que hacer pero también (aún mas importante) el de animarlas, alentarlas y darles la fuerza necesaria para luchar por sus hijos, aún en los casos mas graves, como el de Dieynaba Sall, que tuvo mellizos pero uno de ellos no sobrevivió y el otro continuaba en estado crítico. No voy a olvidar la mirada de esa mujer mientras nos hacía la demostración con Adam, el bebé superviviente. Sus ojos desprendían una enorme tristeza como si temiera por la vida de su pequeño. Afortunadamente ahí estaba Madame Fall para cogerle la mano y ayudarla a colocarse bien el bebé. Para sonreírle queriéndole decir que todo saldría bien.

Madame Fall


Otra de las mamás haciendo canguro.

Dieynaba Sall y Adam.

 

– Venid para acá, que tenemos una sorpresagritó.

Nos dirigimos a través de los pasillos de colores decorados con pinturas hacia una sala más grande donde nos esperaban los que denominamos “los cuatrillizos de la esperanza”.

Abdou Khadre, Lamine, Falilou y Awa, cuatro bebés hermanos que nacieron prematuros y que habían sobrevivido gracias en parte a la generosidad y la implicación de toda la familia.

Cada bebé estaba tumbado sobre las piernas de un familiar. La madre de los niños, su hija mayor, su sobrino y su madre (la abuela de los cuatrillizos).  Me emocioné mucho cuando el chico (único hombre en la sala) explicó que desde el momento en el que nacieron sus primos entendió que era su deber ayudarles a salir adelante y no dudó en hacer el método canguro durante 24 horas dejando incluso su trabajo. Lo dijo con una sonrisa de orgullo. Nos despedimos de la familia ejemplar y de todo el personal del hospital para dirigirnos hacia el almacén de suministros de UNICEF.

Al entrar en la nave lo primero que pensé fue: Wow, ¡qué grande! Estábamos en un espacio de 500 metros cuadrados desde el cual la organización distribuye a todo el país. Allí pudimos encontrar todo tipo de productos. Vimos el kit de desarrollo temprano, el alimento terapéutico listo para usar que sirve para combatir la desnutrición aguda grave, jabón, kits de higiene, pastillas potabilizadoras…Cosas sencillas que salvan vidas.

El ser capaces de oler y tocar toda esa ayuda materializada nos hizo marcharnos del almacén con un buen sabor de boca. No duró mucho.

 

Ya dije estando allí que una vez entras en La Maison Rose nada vuelve a ser lo mismo. En el año 2008 una mujer francesa visitó Guédiawaye, uno de los barrios más pobres de Dakar y enseguida supo que su vida cambiaría para siempre. Dejó su hogar y su país para poner en marcha una casa de acogida que da cobijo a niñas y adolescentes víctimas de violencia sexual, psicológica y física, matrimonio infantil y abandono. A través de terapias psicológicas les ayudan a superar sus traumas y a recuperar las ganas de vivir. En algunos casos ayudan también a las mamás que se han quedado embarazadas, víctimas de violaciones, a aceptar y querer a sus hijos (en todos estos años de 150 bebes solo 3 fueron rechazados). También les proporcionan formación profesional para que puedan tener un futuro. El lema de Mona -así es como se llama la fundadora- es “de la calle al cielo” y escogió Senegal para montar este refugio porque es un país de diálogo donde no hay conflictos. Gracias al apoyo de UNICEF y de otros donantes este proyecto ha sido posible, concluye.

Mientras nos contaba todo esto, las niñas estaban sentadas en el suelo escuchando más o menos atentas y jugando con sus pies y sus trenzas.

Habría unas cuarenta mujeres. Mujeres de todas las edades, adolescentes embarazadas, niñas, bebés…Mona no quiso centrarse ni contarnos  ninguna historia individual pero en un momento de la tarde cuando una niña de unos 3 años de edad jugaba feliz con mi teléfono móvil se le escapó:

– ¿Ves esta niña? La abandonaron hace más de dos años en un taxi y en todo este tiempo nadie ha preguntado por ella.

– ¿Y este bebé? También fue abandonado, tiene dos meses y un problemita en los ojos ¿lo ves? Todavía no tiene nombre.

Mona por los pasillos de la Casa Rosa

Cuando nos dimos cuenta estábamos rodeadas de niñas en busca de un abrazo, una caricia o cualquier contacto físico. Eso me llamó mucho la atención, la necesidad que tenían de palpar y de sentir. Se ponían nerviosas si te acercabas a ellas y una emoción les invadía si les hablabas. Hubo un momento en que me acerqué a una de las niñas y le pregunté si podía hacer una foto a su camiseta por detrás. Enseguida me dijo que si, y justo después de hacerla me dio el abrazo más fuerte que os podáis imaginar. Le dije que en su camiseta podía leerse la palabra “amor”, pedí a nuestro traductor que me ayudara ya que la mayoría de estas niñas no hablan francés, solo Wólof. Le conté que era una palabra muy bonita y parecía que me entendía porque no paró de sonreír. Después volvió al corro con sus compañeras, con todas esas niñas que guardaban  historias terribles, a las que alguien había robado su infancia pero que ahora vivían en una casa rosa donde solo pasan cosas bonitas.

Estaba anocheciendo en la azotea desde la que bastaba con asomarse y mirar alrededor para darse cuenta de que la vida no era del color de la casa. Nos costó mucho pero nos fuimos.

Mona y Sandrine, dos mujeres ejemplares, las fundadoras de la Maison Rose

De camino al hotel, en el coche, Marian, Diana y yo íbamos comentando lo mucho que nos había impresionado la historia de Mona. ¡Qué mujer tan mística! Bueno, es que para estar al frente de un lugar así tienes que creer en algo. Nunca antes había conocido a alguien con una vocación tan grande por ayudar a los demás, capaz de cambiar radicalmente de vida y dejarlo todo. Tampoco conseguía quitarme de la cabeza las miradas de esas niñas, mezcla de dolor y esperanza.

Por suerte, al llegar hotel nos esperaba una agradable visita. Aissatou es una mujer que tuvo una hija prematura en el año 2009, hizo el método canguro y Mbene -así se llama la niña- consiguió sobrevivir. Diana las conoció  en ese momento y después volvió a visitarlas en 2014. Tres años después ahí estaban, encontrándose de nuevo con todas nosotras de testigos. Fue muy emocionante y es muy alentador comprobar de primera mano con un ejemplo concreto que la ayuda de UNICEF y de todos salva vidas como la de Mbene.

Aissatou con sus hijos. A la derecha de la foto y vestida de azul vemos a Mbne, la niña que nació prematura y ahora tiene 8 años.

Después de un día de muchas emociones nos fuimos a la cama. Con la sensación de cansancio físico y emocional, caí rendida.

 

Día 3:

El miércoles volvimos a madrugar para visitar el centro de salud Keur Massar. (Es el nombre del distrito).  Visitamos las áreas de planificación familiar, atención prenatal, partos y actividades de vacunación.

Gracias  a Madame Ndiaye conocimos los detalles de cada especialidad, ella nos guió por las instalaciones explicándonos lo que estaban haciendo en cada momento.

Algunos datos importantes: En Senegal las vacunas son gratuitas hasta los cinco años. Los niños estaban vacunándose de la polio, la hepatitis B, la tuberculosis y el rotavirus. Esta última vacuna es muy importante porque la diarrea es la segunda causa de mortalidad infantil.

UNICEF se encarga de la provisión de vacunas y de garantizar la cadena de frío para que todo funcione correctamente y las vacunas lleguen en condiciones.

En la sala de vacunación conocimos a Awa. Tiene 30 años y sostiene en sus brazos a Mohamed, su primer hijo. Llevaba puesta un especie de pulsera con una piedra. Y nos explicó que es una protección para que el niño no coja enfermedades. Es algo de su cultura pero Awa sabe que las vacunas son fundamentales para que Mohamed no contraiga enfermedades como la polio o la neumonía que pueden ser mortales. Trabaja como cajera y le preocupa el futuro de su hijo. No cree que tenga más.

Awa y su bebé MohamedMujer en consulta de planificación familiar

Sala de espera

Seguimos hablando con Madame Ndiaye, dice que en este centro de salud atienden un total de 1.400 partos al año, aproximadamente 4 al día. La mayoría de las veces no cuentan con médicos ni ginecólogos, solo con las matronas y enfermeras.

Una de esas matronas todoterreno, Marie Noëlle, nos atiende en su consulta con su bata rosa y nos cuenta que le faltan tres meses para jubilarse después de casi 40 años de asistencia en partos. Está feliz pero a la vez echará de menos su trabajo. Nos confiesa que son necesarios más recursos humanos (médicos) y también materiales (sería magnífico poder tener una sala de operaciones). Lo positivo es que en todos estos años ha visto como la tasa de mortalidad infantil se reducía a la mitad gracias a la vacunación, el apoyo de la lactancia materna y los cuidados prenatales.

Antes de marcharnos llegamos a una sala donde una mujer acaba de dar a luz hace menos de una hora. Está tumbada en una camilla y con una sonrisa nos dice que entremos. Muy cerca, su bebé, una niña preciosa acaba de ser pesada y está siendo revisada para saber que todo está bien. La niña no tiene nombre, se lo pondrán justo siete días después en la ceremonia de su bautismo. El motivo es que al cumplir una semana ya habrá vivido un día de cada y se considera que tiene más opciones de sobrevivir.
La paz del momento se interrumpió de golpe con los gritos de otra mujer que estaba a punto de dar a luz en la sala de al lado y se sujetaba fuerte la tripa por el dolor de las contracciones. La vida en estado puro.

Salimos de nuevo con las emociones a flor de piel y un sentimiento de impotencia. Esas mujeres estaban ahí, haciendo cola durante horas para vacunar a sus hijos, otras a punto de dar a luz sin saber cómo saldrá todo y hacen falta médicos, falta personal, faltan salas, faltan recursos en general. Entendí perfectamente que Lucía dijera que tenía ganas de remangarse y ponerse manos a la obra porque yo, sin ser médico, sentí algo parecido.

Volvimos al coche y esta vez nos esperaba un largo camino hasta Kaolack, una región de 150.000 habitantes situada a 180 kilómetros de Dakar. Digo lo de largo porque aunque en kilómetros la distancia no era mucha tardamos más de cuatro horas en llegar debido al estado de las carreteras y el tráfico. Cuatro horas que estuve con el corazón encogido observado el paisaje de pobreza extrema. Niños sentados en la puerta de las chabolas, mujeres llevando agua en grandes cubos sobre su cabeza, animales por todas partes rodeados de insectos…

En varios momentos del trayecto pregunté a Diana: “¿Ya no te impresiona ver esto? ¿Después de tantos viajes terminas acostumbrándote? Es que yo…no puedo…

– Nunca te acostumbras a ver estas cosas, me dijo. Pero es verdad que el primer viaje nunca se olvida.

Llegamos al hotel de Kaolack donde pasaríamos nuestra última noche. Esa noche. Nunca la olvidaré. Fue la primera vez en mi vida que tuve una sensación parecida a la ansiedad, a la falta de aire y no me refiero a los 45 grados que teníamos. Era como si a pesar de poder usar el teléfono, estuviera totalmente aislada y desconectada de mi familia, de los niños… como si estuviera en medio de la nada… Era extraño porque ha habido veces que he estado más lejos de casa y no he tenido esta sensación. Al fin y al cabo eran 4 horas de avión y 3.000 kilómetros, no es demasiado, pero no era por eso… Tumbada en la cama me sentía como si me hubiera salido del globo terráqueo, era como estar en otro mundo. Resulta que lo estaba.

 

Día 4:

Nos despertamos en Kaolack. Se me ha olvidado contar que antes de meternos en la cama la noche anterior Lucía, Marian, Natalia y yo nos quedamos hasta las 2 de la mañana por culpa de una de esas conversaciones que arreglan el mundo (me encantó) así que teníamos más sueño de los normal.
Desayunamos y cogimos de nuevo los coches rumbo a Nioro para conocer el trabajo del Comité de Madres de Paos Koto.

 

Después de un cariñoso recibimiento, Marame Diba, la presidenta, nos contó exactamente en qué consisten estos Comités. Sirven como enlace entre la comunidad y los agentes de la salud.

En total hay 15 Comités de Madres en Nioro. Tienen su origen en las madres de familia que se encontraban para hacer juntas el seguimiento al peso de sus hijos. Cada Comité tiene que hacer un pago de 10.000 CFA, aproximadamente unos 20 euros, a las finanzas de la asociación. Este dinero se utiliza para dar pequeños préstamos a las madres que necesitan ayuda para dar de comer a sus hijos o emprender pequeños negocios. Con ese dinero también se financia la actividad del Comité.

El Comité de Madres está formado por mujeres voluntarias que no perciben ningún salario por su labor. Su misión es generar conversación y debatir sobre enfermedades infantiles y cómo prevenirlas. Dan consejos para evitar la desnutrición, hablan sobre la importancia de pesar a los niños, la vacunación, la lactancia materna… Cada Comité está compuesto por unas cuarenta o sesenta madres.

¿Cuál es el papel de UNICEF en estos Comités?

El trabajo de UNICEF en todo este proceso es fundamental. Trabajan de la mano del gobierno para que su ayuda llegue mucho más lejos y puedan conseguir cambios reales en la vida de los niños.

Una vez allí, asistimos a la demostración de cómo se hace el seguimiento a los niños y comprobamos que las herramientas son rudimentarias. Las mujeres calibran la báscula con una garrafa de agua, y apuntan en libros los datos de peso y talla de los niños. Se crean manualmente las curvas que certifican que el bebé está creciendo correctamente.

Tuvimos la oportunidad de conocer los suplementos alimenticios que dan a los bebés que están desnutridos como la harina, el hierro y el ácido fólico.

En definitiva son mujeres fuertes, generosas y autosuficientes que a falta de recursos materiales utilizan los humanos para ayudarse las unas a las otras.

Improvisan, inventan y se dejan guiar por su instinto de madres.
Y no penséis que todo esto lo hacen con mala cara o como si fuera una obligación. Todo lo contrario.

Una vez terminó la demostración comenzaron a cantar y bailar haciéndonos partícipes de un momento mágico que se quedará grabado en mi memoria para siempre.


Nos despedimos dándoles un fuerte aplauso, subimos al coche y pusimos de nuevo rumbo a Dakar donde por la noche cogeríamos el avión para volver a casa.

Las cuatro horas de coche de vuelta a Dakar se me hicieron un poco largas, aunque paramos para comer. Estábamos cansadas físicamente por la falta de sueño y el calor pero además había visto tantas cosas en pocas horas y tenía tantas preguntas… Durante nuestra estancia en Senegal nos movimos en dos coches. En el mío, ademas de Diana y Marian, venían también nuestro traductor Moustapha, Moussa Diop, especialista de Comunicación de Unicef en Senegal y Malik, el conductor. Todos ellos nos facilitaron mucho las cosas y se preocuparon por que tuviéramos un viaje tranquilo y agradable.

No pude parar de mirar por la ventana contemplando ese paisaje que ya no me era desconocido pero que no por eso dejaba de ponerme la piel de gallina. Solo los baobabs que se veían a lo lejos me hicieron pensar en otra cosa, en aquella leyenda que dice que son árboles invertidos debido a un castigo por su vanidad. Que tienen las ramas bajo tierra y las raíces fuera. También me acordé de que El Principito les tenía miedo y no quería que crecieran para que no destruyeran su planeta. Pese a esta fama a mi me seguían pareciendo los árboles más bonitos del mundo.

Una vez en Dakar apenas tuvimos tiempo para ducharnos las seis en media hora en la habitación que habíamos dejado bloqueada, nos cambiamos y salimos corriendo hacia el aeropuerto. Todas estuvimos de acuerdo en que habríamos necesitado quedarnos esa noche allí para “digerir” lo vivido, una charla como la de la noche anterior, despertarnos y poder visitar algún otro lugar… Nos quedamos con ganas de más pero tocaba volver.

En el avión Marian y yo no dormimos nada. Estuvimos hablando del viaje, de la vida, de los niños (además de farmacéutica ella es experta en nutrición infantil), del humor manchego, de su próximo viaje a Portugal… Aterrizamos en Madrid y tres horas después, a eso de las 7 de la mañana, cogí de nuevo un avión rumbo a Porto.

 

Día 7 post viaje.

Me he despertado pensando que ya ha pasado una semana desde que regresé de Senegal y de alguna manera “volví a nacer” así que hoy podría celebrarse mi ceremonia de “bautismo” y por fin tendría un nombre, que sería Esperanza. Porque es la emoción que define y resume un poco lo que vivimos allí. Comprobamos de primera mano que la ayuda llega y se transforma en recursos fundamentales para la supervivencia. La ayuda salva vidas. Con pequeñas cosas se puede hacer algo muy grande. El índice de mortalidad infantil se ha reducido a la mitad en los últimos diez años, vamos por el buen camino, pero todavía falta mucho por hacer.

Dicen que los viajes se viven tres veces: cuando los soñamos, cuando los vivimos y cuando los recordamos. Yo lo recuerdo cada día.

Es imposible estar aquí y seguir con mi día a día sin preguntarme qué estará haciendo Mona en la casa Rosa o no pensar en Adam, el bebé mellizo superviviente que cuando nos marchamos pesaba todavía solo 1,050 gramos. ¿Se seguirá implicando la familia de los cuatrillizos igual a partir de ahora que los niños ya están fuera de peligro? Y Marie Noëlle ¿qué cantidad de partos atenderá estos dos meses antes de jubilarse y cuántos de ellos saldrán bien? ¿Cuál será el nombre de la bebé que conocimos con una hora de vida? ¿Tendrá ya puestas todas las vacunas? Y Madame Fall, la enfermera del hospital Albert Royer ¿a cuántas mujeres seguirá ayudando y animando a realizar el método canguro? Y lo más importante ¿cuántos años tendrán que pasar para que consigan tener 10 camillas en lugar de 3? Marame Diba continuará dirigiendo el Comité de Madres pero ¿algún día tendrán una báscula profesional? ¿Conseguirán reducir el índice de desnutrición aguda grave como han hecho con la moderada?

Es imposible desconectar y además es necesario no hacerlo.

Cuando visitamos los diferentes lugares pude apreciar como la gente de allí nos esperaba con ganas y nos miraba con curiosidad e interés, con cariño, conscientes de lo importante que es la ayuda que países como el nuestro brindan a su país.  Lo que probablemente no se imaginan es todo lo que ellos nos dieron. Porque aunque no lo hagan conscientemente la lección que transmiten y llevan intrínseca es más grande que todo lo que nosotros podamos darles.

Así que aprovecho estas lineas para agradecer a todas las personas senegalesas que he conocido en este viaje el haber podido ser testigo de su generosidad, su fuerza, su empatía, su espíritu de lucha y supervivencia, sus ganas de trabajar, de no renunciar a una vida digna, su concepto de la palabra “familia”, sus risas, sus bailes, su talento, su alegría…Gracias. Cada vez que pasee a orillas del Océano Atlántico aquí en Oporto me acordaré de que es el mismo mar que veis vosotros y eso me hará sentiros cerca.

 

Gracias a UNICEF por darme esta oportunidad, ya soy azul para siempre y gracias a mis compañeras de viaje, habéis sido mi otro gran descubrimiento. Belén y Diana tenéis toda mi admiración por dedicaros en cuerpo y alma a ayudar a los demás y a conseguir un mundo mejor. Natalia, Marian y Lucía, sois auténticas, vuestro hijos tienen motivos para estar muy orgullosos de vosotras. Deseando repetir charlas a horas intempestivas, aunque esta vez espero sea sin la amenaza de apendicitis de Lucía. Lo dicho, gracias. Lo que ha unido Senegal que no lo separe nadie.

¿Cuándo volvemos?


“Cuando no sepas que decisión tomar, lanza una moneda. Cuando la moneda esté en el aire, repentinamente estarás deseando que caiga de cierto lado. Esa es la decisión de tu corazón, síguela.”

Buda

 

 

 


57 Comentarios

  • 1. Sara  |  30 septiembre 2017 - 17:47

    Soló tu podías contarlo y emocionarme al mismo tiempo.
    Gracias por contarlo, es muy necesario que personajes como tú uséis ese altavoz para ayudar a loz demás . ha tenido que ser una experiencia demoledora pero al mismo tiempo muy gratificante. De nuevo, gracias por contarlo. No todo el mundo es capaz de embarcarse en un viaje así…
    Por ejemplo, la persona que ha comentadonpreviamente, una tal Maria Dolores, que esperomque algún día realice un viaje la mitad de enriquecedor que el vuestro, y pueda renovarse por dentro, sólo para enriquecerse, ya que como persona deja mucho que desear.
    Y comentarios a parte, gracias de nuevo. Eres especial ynquien te seguimos lo sabemos.
    Abrazos fuertes.

  • 2. Raquel  |  30 septiembre 2017 - 18:20

    Gracias Sara, precioso posterior…….has conseguido transmitirme tu emoción……hay que ver como con poco….se puede ser feliz…….también se me ha caído la lagrimilla……

  • 3. Susana  |  30 septiembre 2017 - 23:12

    Hola Sara, la verdad que me ha sobrecogido este post…supongo que mucho más aún porque estoy embarazada. Nunca escribo en redes sociales en relación a cosas que leo sobre lo que escribís o compartís los famosos… Me mantengo a la sombra, pero en esta ocasión quería darte las gracias por explicar la labor tan importante que hace Unicef.
    Precioso viaje.
    Un beso.

  • 4. Kinga K.  |  1 octubre 2017 - 00:13

    Muchas gracias por este post Sara,eres increible !! Me encanta ♥ Un beso enorme !!
    http://loveonthebrain-bykinga.blog.pl/

  • 5. Llanos  |  1 octubre 2017 - 00:39

    Qué afortunadas todas las personas que han podido realizar viajes así, y gracias por compartirlo de una forma tan humilde y sincera.

  • 6. awatui  |  1 octubre 2017 - 02:37

    hola, he leido tu post y perdoname la pregunta pero no entiendo porque la gente famosa hace este tipo de viajes. es porque os pagan estas ong a modo d publicidad? o realmente aportais dinero y medios a la causa? siempre q veo reportajes de gente famosa me entran esas dudas. y lo q parece desde fuera es postureo, q las ong os pagan el viaje y todo para q vayais y conozcais la situacion, perp realmente no se q aporatis, es muy bonito haceros fotos con la gente q lo esta pasando mal, pero ellos realmente neceistam dinerp y medios.

  • 7. Sofiacd  |  1 octubre 2017 - 02:39

    Hola! Soy socia de unicef desde q empecé a trabajar, hace ya muuuuuuchos años. Es mi parcelita de q este mundo sea un sitio mejor. Gracias por visibilizar y echar abajo las excusas de los q no dan un céntimo porque no llega nada. Beso. Elcuadernodesofia.WordPress.com

  • 8. woodbeach gafas de madera  |  1 octubre 2017 - 12:47

    Estupenda labor, y es estupendo que con este reportaje se vea que al menos mucha de la ayuda se da, sirva para algo.

  • 9. Lauriña  |  2 octubre 2017 - 11:32

    Has conseguido que llegue algo para que todos nos sensibilicemos un poco más…
    Me encantaría hacer un viaje así, cambia la vida, cambia la forma de mirarla…
    Otra vez más demostrando que eres Sara!

    BESAZOS

  • 10. Ester y Leticia  |  2 octubre 2017 - 16:26

    Te hemos estado siguiendo por las redes sociales y la verdad es que debe ser una experiencia muy reconfortante , y preciosa. Es una labor increíble.
    Besos!
    https://midnighttrendy.blogspot.com.es

  • 11. Sara  |  2 octubre 2017 - 20:43

    Hola Sara, soy una de esas lectoras anonimas y silenciosas, pero hoy queria darte las gracias de corazon por compartir con nosotros con tanto mimo y lujo de detalles esa experiencia tan maravillosa. Espero que sirva para concienciar de lo afortunados que somos y de que con una pequeña aportacion de cada uno se pueden hacer grandes cosas. Ademas quería hacerte una pregunta, ¿te has planteado algun cambio en tu vida a raiz de este viaje?Un abrazo

  • 12. Eva  |  2 octubre 2017 - 21:22

    No suelo comentar los posts, Sara, pero éste me ha encantado. Supongo que un viaje de este tipo pone los valores y las prioridades patas arriba y nos hace valorar lo que tenemos. Parece increíble que el lugar en el que nacemos sea tan determinante…
    Me encantaría tener esa experiencia. Un saludo.

  • 13. Marivi  |  2 octubre 2017 - 21:55

    Sara me encanta leerte, hoy has conseguido que se me encoja el corazón. Como madre y como ser humano, debemos entre todos hacer que ese tercer mundo deje de serlo

  • 14. Merche  |  2 octubre 2017 - 22:13

    He leído un comentario de una tal María Dolores y me he indignado …que mala persona tienes que ser para decir esas barbaridades …..y tú eres mujer????Que pasa que por ser madre, no se puede viajar; trabajar o lo que le de la gana…muy amargada tienes que estar chica o lo que seas
    …Si tanto te molesta no la leas .

  • 15. ROSAG  |  3 octubre 2017 - 10:49

    Protesto por la eliminación de mi comentario.
    Decir verdades siempre ha molestado y ahora también.
    No tengo nada en contra de Sara Carbonero porque ella ha ido a hacer lo que mejor creía que podía hacer para ayudar, criticaba a la sociedad, a las organizaciones, pero ya veo que hay mordazas hasta en los blogs más simples.
    Cada día estoy más decepcionada con los blogs de famosas, no he insultado a nadie y menos a Sara por ir a Senegal a intentar ayudar, doy mi opinión de lo que veo y creo, y repito que si no me equivoco, que no insulté a nadie porque no lo hago nunca, pero éste será mi último comentario en el blog, ya llevo unos cuantos de los que paso de hacer comentarios, porque no siempre nos apetece decir qué mona eres, qué guapa eres, qué bien vistes, cómo me gustas, y si no lo hacemos molesta, pues se acabó.
    Las redes son muuuuuy amplias, hay mucho que ver y que leer.
    Saludos y punto final.

  • 16. Carla  |  3 octubre 2017 - 11:25

    Sara como admiro personas que piensan en el otro nos más desfavorecidos.

    Buena reportage me encanto ver tu trabajo comunitário.

    Besos
    Carla

  • 17. Equipo Miabamba  |  3 octubre 2017 - 13:32

    Hola Sara,

    Nos ha encantado leer este post, has conseguido transmitirnos tu emoción e incluso emocionarnos al leer las historias que nos cuentas.

    Muchas gracias por compartir esta experiencia y por contarnos de cerca la gran labor que hace Unicef junto con grandes personas como Madame Fall, Mona o Marie Möelle entre otras…

    Un abrazo,

    Equipo miabamba.
    Complementos de diseño para #MujeresdelSigloXXI
    http://www.miabamba.com

  • 18. Maitane  |  3 octubre 2017 - 18:12

    ¡Cómo me alegro de que hayas podido vivir una experiencia tan enriquecedora! No hay nada como ver la cruda realidad que una gran parte del mundo vive para empezar a ver todo con otra perspectiva y otros ojos. Gracias por compartir cómo lo has vivido y por ser un modelo de persona.

  • 19. Sonia  |  3 octubre 2017 - 23:05

    Sara eres increíble …saludos desde Asturias . un beso

  • 20. bebe  |  4 octubre 2017 - 00:22

    Sara, me encanta este post, soy una senegalesa que lleva ya 13 años en España, la próxima vez que vayas, cómete un buen TIEBOUDIEUNE
    Besos guapa!

  • 21. trendygirls10  |  4 octubre 2017 - 12:34

    Impresionante viaje, lleno de sensaciones que has explicado muy bien. Unicef hace una labor espectacular y muy especial. Un beso trendy

  • 22. Vivienda Sana  |  4 octubre 2017 - 14:10

    ¡Estupenda labor! Es admirable, gracias por compartirlo con todos nosotros. ¡Y gracias Unicef!

  • 23. ANNABELLA  |  4 octubre 2017 - 20:54

    Sara, muy emotivo el post, me alegro de que hayáis ido a un lugar tan necesitado y que vuestro viaje sirva para algo, aunque no sé muy bien cual es vuestro cometido.

    Coincido con algún comentario que he leído por ahí y que dice que tal vez últimamente te estás pasando un poco de dramática y meditabunda, un poquito de alegría Sara por favor. Entre mindfulness, yoga y meditación ya resultas un poquito cansina. Perdona si tal vez me equivoco, pero pareces la típica persona que se obsesiona con cosas, antes era la moda y ahora el ohmmmmmmm.

    Un besito Sara, espero que no te tomes mal mis comentarios.

  • 24. EVPCOMPLEMENTS  |  4 octubre 2017 - 21:16

    ¡Buenas noches Sara!

    Precioso “post” y un viaje que no sirve para cuaquiera, un alma sensible no se lo podría permitir.

    Un saludo.

    http://www.evpcomplements.com

  • 25. Somos Porto  |  4 octubre 2017 - 23:15

    Maria Dolores, o como te llames, que seguro que no es así ….. ¿ te has planteado visitar a un psiquiatra ? no lo dudes, hazlo, igual aún tienes arreglo, aunque lo veo difícil.

1 2 3