10 abril 2016

De mis cosas.

Se nos iba la vida al quitarnos la ropa
en aquella pensión tan pegada a la playa,
nos contamos mentiras, nos compramos promesas
nos hacían cosquillas las luces del alba.

Se nos iba la vida.

 Quique González.

¡Hola a todos! Mucho tiempo sin pasarme por aquí, lo sé. Algunos os habéis preocupado y me preguntábais a través de las redes sociales y los comentarios del blog si pasaba algo. La respuesta es no. Al menos nada malo, todo lo contrario ,-)

Supongo que como nos ocurre a casi todos, hay veces y épocas de nuestra vida en las que nos apetece menos abrirnos y compartir cosas con los demás. De alguna manera estamos menos comunicativos, nos vamos cerrando poco a poco y cada vez cuesta más volver a romper el hielo. 

A mí, al menos, sí me ocurre esto. Hay momentos en los que puedo estar una hora al teléfono con alguna amiga o con mi madre y otros en cambio en los que me tienen que sacar las palabras casi a la fuerza.

Por otro lado, pasadas las vacaciones de Semana Santa, que fueron intensas e inolvidables, últimamente mis días han vuelto a ser tranquilos y monótonos, en el buen sentido de la palabra. En el mejor sentido de la misma, aunque eso haga que en ocasiones me cueste encontrar cosas realmente interesantes para contar. O para explicarlo mejor, que yo misma piense que las cosas cotidianas no son interesantes, grave error.

Pasado este “break”, aquí estoy de nuevo con ganas de poneros al día, al menos en este mes y medio que falta para que nazca mi bebé. Con ganas de contaros con todo detalle que estoy conociendo un nuevo método de estimulación temprana con el que Martín aprende cada día y se lo pasa bomba, que he aprendido la receta de un nuevo bizcocho de chocolate y me sale de cine, que el proyecto de volver a la tele sigue en marcha y la semana pasada estuve grabando los “offs”, que enseguida podréis ver unas fotos preciosas hechas en Porto para la revista Harper’s Bazaar y que me muero por conocer a Theo, a Mara y a Sofía, los niños que han tenido este último mes algunas de mis mejores amigas. También quiero hablaros de música, de las novedades que vamos a incorporar muy pronto en Slow Love, de un par de restaurantes muy recomendables que he descubierto, de la exposición que voy a ver esta semana en el Museo Serralves, de mi próxima entrevista en Elle a una actriz a la que admiro mucho, de las dudas que me están surgiendo leyendo algunos libros sobre si es bueno el colecho... En definitiva, de mis cosas… Esas que me hacen muy feliz ,-)

A todos los que estáis leyendo estas líneas y que ya me conocéis a través del blog, gracias por estar ahí. Gracias por entender que cada uno es libre de contar sobre su vida hasta donde quiera contar, que todos deberíamos tener el derecho de comunicar las cosas cómo, cuándo, y a quiénes queramos. Que la intimidad de cada uno es el mayor de los tesoros, además de ser un derecho fundamental. 

Todos merecemos guardarnos y proteger, al menos una parcelita de nuestras vidas ,-)
Pensadlo por un momento. ¿Verdad que todos tenéis algún secreto que guardáis como oro en paño? 

Precisamente, hace unos pocos días, de casualidad fui a parar a uno de esos lugares que parece que guarden un montón de secretos. Una especie de bosque, cercano a una carretera, a unos 40 km de Porto. Un sitio que me transmitió buenas sensaciones, estaba perdido en medio de la nada y todo era silencio. Aproveché para hacerme unas fotos.

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Llevo vestido de Asos Maternity, por eso se nota poco la tripa, porque es muy ancho y disimula, pero os asegura que sigue creciendo a un ritmo vertiginoso ,-). Las botas de Aquazzura, las pulseras y los anillos de Agatha y el bolso de Mércules para Slow Love, que ya está agotado en la web pero me encanta y lo uso bastante.

Al marcharme de ese lugar idílico viví una de esas situaciones que parece que sólo pasan en las películas. Ahora me río, pero en el momento pasé miedo. Resulta que había llovido mucho los días anteriores y al ir a dar la vuelta en una especie de prado, la parte derecha del coche se quedó literalmente hundida en el barro. Traté de acelerar para salir de allí pero lo único que conseguí fue hundirlo más y más. Mi cara al ver la rueda salpicando una especie de barro o estiércol era un poema. Mi primera reacción fue reírme pero al ver cómo iba anocheciendo y que era incapaz de sacar el coche de allí se me fueron pasando las ganas de broma. Al final tuvo que venir una grúa a ayudarme, nada más ver a su conductor le pregunté: “A que usted también habría tratado de dar la vuelta en el mismo sitio?”. Lo peor fue el cachondeo que me tocó aguantar los días siguientes. Os podéis imaginar ,-)

Ahora cuando veo una foto de aquel día no puedo evitar reírme. 

Antes de despedirme aprovecho también para daros las gracias por todas las felicitaciones recibidas en los últimos días.

Seguimos esta semana.

¡Un beso enorme! 

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“El niño que no juega no es niño, pero el hombre que no juega perdió, para siempre al niño que vivía en él y que le hará mucha falta.”
Pablo Neruda.



188 ComentariosEnviado por: Sara Carbonero

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