Cuando nadie me ve – Sara Carbonero » NO TE QUEJES

18 marzo 2015

NO TE QUEJES

Porque sucede…
que entre la fe y la felonía,
la herencia y la herejía,
la jaula y la jauría,
entre morir o matar
prefiero amor, amar,
prefiero amar, prefiero amar.

Prefiero amar
Luis Eduardo Aute

Llevo unas semanas en las que no paro un segundo. Supongo que, como a la mayoría de la gente, me gustaría que los días tuviesen unas cuantas horas más, sólo así podría llegar a todo. Esta falta de tiempo se debe en parte a un nuevo proyecto que tengo entre manos y que está a punto de ver la luz. Un proyecto precioso y diferente en el que llevo trabajando muchos meses con toda la ilusión del mundo y que estoy deseando poder contaros. Sé que os va a gustar, ya falta poco. 🙂 El caso es que tengo la sensación de ir con la lengua fuera todo el día, de que en ocasiones me falla la memoria, algo que nunca me ha pasado pero que desde que fui madre me ocurre constantemente. He leído un poco sobre el tema porque reconozco que me preocupaba y parece que es bastante frecuente que después de tener un hijo nos sintamos algo más “torpes”, pero nada más lejos de la realidad. Lo que ocurre es que el cerebro de la mujer se halla en uno de sus momentos más plásticos (momentos de más crecimiento neuronal y mayores conexiones entre neuronas). Algunos estudios aseguran que la mente de una madre no está para memorizar o acordarse de ciertos detalles que son superfluos en comparación con todo lo relacionado con su bebé, su cerebro está muy ocupado porque tiene un objetivo de mayor trascendencia. Ya me contaréis las que sois madres si también os pasa.

El otro día traté de explicarle a una amiga esto que os estoy contando pero ella no tiene hijos y no estaba muy atenta a mi conversación. No me hizo caso y me molestó bastante. No me gustó que no me prestara atención, claro que tampoco me gusta cuando ella me habla de las citas con sus ligues durante horas… Uy ya lo estoy haciendo… Me estoy quejando y no quiero. No quiero quejarme. Veréis.

El sábado, comiendo en un restaurante, escuché a una persona quejarse repetidamente: “Está bueno pero el servicio es demasiado lento… y está muy bien de precio pero la mesa que nos han dado no es la mejor… oye ¡qué buena está la tarta! pero podían haber puesto una ración más grande…” Os juro que estuvo así toda la comida. No voy a ser yo quien tire la primera piedra con este tema porque creo que todos tenemos ese pequeño “vicio”: la queja. A menudo nos centramos en los “peros” sin disfrutar de los “además”. Somos más de un “Qué bien hemos comido pero demasiado ruido en el local” que de un “Estaba todo buenísimo y además el trato es extraordinario”. Nos pasamos la vida tratando de sacarle un “pero” a todo, no sólo en el tema de la restauración sino en nuestro día a día. Tal persona es muy simpática y agradable pero no me genera confianza, la otra es educada y prudente pero debe de ser una borde…

Malgastamos tiempo y energía en poner el acento en lo que no nos gusta en lugar de decir lo que sí para potenciarlo y que las personas de nuestro alrededor se sientan valoradas y por ende repitan más esa conducta que nos agrada. Se llama refuerzo positivo y es muy poca la gente que lo practica hoy en día.

No sé si conocéis una sección muy buena que hacen Nuria Roca y su equipo en Melodía FM, dentro del programa “Lo mejor que te puede pasar”. Se llama “El Amargao de Twitter”, si no la habéis escuchado nunca os lo recomiendo muy mucho. Y es que si algo ha hecho que las quejas crezcan sin duda son las redes sociales. Antes, cuando algo no nos gustaba se lo decíamos a la persona que teníamos al lado, o a algún amigo y si la queja era para estar muy cabreados, como mucho recurríamos a los libros de reclamaciones para despacharnos a gusto. Ahora todo es muy distinto, todos tenemos a mano nuestro móvil para quejarnos, en ocasiones sin piedad, de lo que no es de nuestro agrado. Añado el “sin piedad” porque a veces no nos damos cuenta del daño que pueden hacer según qué comentarios que para nosotros tan sólo suponen un click al botón “enviar”.

Pero la cosa no acaba aquí. Hace unos días brujuleando por internet descubrí una nueva aplicación para el móvil: “Critizen”, quejas fáciles y rápidas. “Critizen, ¡quéjate fuerte!” rezaba el artículo. Con estos datos enseguida quise ver de qué se trataba. A priori pretende ser una aplicación en la que la gente pueda escribir abiertamente sus críticas y opiniones (tanto buenas como malas) de determinados servicios públicos, restaurantes, programas de televisión, series y todo lo que sea susceptible de valorar. Pero claro, lo que ha ocurrido es que apenas hay críticas constructivas o positivas sino que el muro en el que se escriben los mensajes se ha convertido en el muro de las lamentaciones. Por respeto no voy a nombrar las empresas y marcas que reciben las quejas pero os dejo algunos fragmentos literales que he encontrado sin mucho esfuerzo, sólo mirando en la última página.

– “Menuda mierda de cerrajería por favor“.
“Lo nuevo de (un banco muy conocido) es pésimo”.
“Estoy hasta los mismísimos de las llamadas de (una compañía telefónica).
“Esos que no levantan la mirada del móvil me repatean, no miran al cruzar ni si van a dar a alguien”.
“Cansado de pagar 23 euros por ir de …a … y encima ¡¡sin wifi!!”.
“Estoy indignado con (un canal de televisión). Sólo ponéis mierda”.
“La tarta de … es un timo por 1,99. Me parece muy pequeña y encima está caliente”.
“No hay cosa más aburrida que la Fórmula 1. Si eso es deporte, yo soy alpinista que sube en ascensor. Repelente”.

Yo no digo que no tengamos motivos para quejarnos ni que sea malo que los compartamos en ocasiones para que a otras personas no les pase lo que a nosotros pero no sé hasta qué punto es sano recrearnos en lo negativo y plasmarlo en una aplicación para el móvil. Yo, de momento, si no me gusta algo prefiero seguir diciéndoselo a mis amigos y punto. ¿Os imagináis cómo sería el equivalente de esta aplicación en positivo? Debería llamarse ELOGIOZEN o algo así, pero seguro que no tendría tanto éxito, ni de largo.

Otra reflexión que me hago a veces y deberíamos hacernos todos es la siguiente: ¿Todo lo que a mí no me gusta está mal o es posible que yo también pueda estar equivocado?

Todas estas reflexiones vienen porque la semana pasada recibí en mi correo un mail muy curioso. Una especie de cadena para extender una iniciativa, un reto: el reto de estar 21 días sin quejarse. Tratar de centrarnos sólo en aquello que nos gusta, en lugar de lo que nos desagrada, para conseguir así ser más felices. No soy nada de cadenas ni de este tipo de mensajes que tienes que pegar y enviar a diez personas o te caerá una maldición, así que pregunté al amigo que me lo había mandado de qué se trataba. Entonces me envió el enlace a un artículo.

Este artículo decía que si acumulásemos todas las quejas que de forma habitual realizamos y escribiésemos un libro con ellas, este libro sería mucho mas extenso que “Guerra y Paz”. (Yo añado que seguramente no sería tan agradable de leer, aunque ¿quién sabe? Incluso podía ser gracioso, hay quejas inverosímiles).

La idea original del reto nace de Will Bowen, un pastor de EEUU que en 2006 propuso a sus feligreses estar 21 días sin quejarse. Posteriormente fue Xabier Satrústegui “Soma”, el que se lo propuso a sus alumnos de su escuela de yoga en 2009, que a día de hoy siguen intentándolo pero parece que esto de no quejarse y no cotillear no es tan fácil.

libro_bowen

En la idea original, se entregó a los feligreses una pulsera morada. Cada vez que se quejaban tenían que cambiarla de muñeca y empezar de nuevo.

will_bowen

La pulsera original se vende en la web de Will Bowen pero para sumarse a esta iniciativa no es necesario tenerla. Basta con hacernos nosotros mismos una pulsera con un lazo morado, si queremos que sea de ese color, o bien usar cualquier otra que tengamos, incluso cambiar de posición un anillo.

Esto, que os puede parecer una tontería, se ha convertido en un fenómeno viral, un movimiento con miles de seguidores en todo el mundo. Hacerlo bien no es nada fácil. Para que os hagáis una idea a los alumnos más veloces les llevó cinco meses conseguirlo.

¿Por qué 21 días? 21 días sin una sola queja (aunque sea pequeñita) son una barbaridad, pero tiene su sentido. No es un número cualquiera escogido al azar. Es algo puramente psicológico, los especialistas de esta rama aseguran que 21 días es lo que tardamos los humanos en generar un hábito y en deshacer otro.
Esta práctica promete llenarnos de entusiasmo, aumentar nuestra autoestima y felicidad y erradicar el sufrimiento, poco menos que “el paraíso”. Dicen, las personas que lo han probado, que aquellos que creían no quejarse demasiado, al comenzar este reto se dieron cuenta de que lo hacían un promedio de unas veinte veces diarias. ¡Casi nada! La idea es que al cabo de tres semanas sin criticar ni quejarnos también dejaremos de hacerlo mentalmente.

Yo no creo que esta iniciativa sea el remedio de nuestros males pero sí que cuando nos quejamos constantemente por todo entramos es una espiral de pesimismo y negatividad nada buena. Por supuesto que hay que decir las cosas que no nos gustan pero sólo si se puede cambiar algo o si la persona está delante.

Y todo esto os lo cuento sentada en el ordenador pensando que vaya día tan feo hace, que yo iba a hacer una cosa esta tarde pero ahora no puedo porque está lloviendo y claro, mañana tampoco podré porque es el Día del Padre y está todo cerrado, cosa que me da mucha rabia porque yo sí trabajo. Además, le había dicho a una amiga que viniera a casa esta tarde a preparar un regalo para otra amiga pero la primera es un poco vaga, le va a dar pereza y seguro que no viene así que me tocará prepararlo sola…

Uy, ya lo estoy haciendo otra vez 😉 Pero ya está, ni una más. No sé si el no quejarme conseguirá llevarme al “paraíso” pero me parece cuanto menos divertido, todo un ejercicio mental y de “buenrollismo”, así que voy a probar y pulsera en mano pongo desde este momento a “cero” mi marcador. ¿Aceptáis el reto?

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La semana que viene tengo una cita importante que me hace especial ilusión, os lo contaré todo por aquí.
¡Un beso enorme!

“Lo mismo que la nieve sólo se derrite cuando el sol aparece, sólo evolucionas cuando, ante lo que odias, haces que el amor esté presente”

Xabier Satrústegui.


394 Comentarios

  • 1. Inmaculada  |  28 marzo 2015 - 09:19

    Me encanta Sara… Creo que la “queja” está unida al “egoísmo”. En general, las personas generosas suelen quejarse menos. Un abrazo

  • 2. Iman  |  28 marzo 2015 - 11:09

    Sara, ví que en un post de no hace mucho,o quizás en una respuesta de las preguntas que te hicieron,tocaste el tema viajes y los lugares que te impactaron.Quisiera preguntarte si alguna vez pudiste visitar al país vecino ,Marruecos (Mi país :PPP)? Siento verdadera curiosidad por esta cuestión jajaja .En caso positivo,espero que nos cuentes tus sensaciones al respecto 🙂 .Un beso!

  • 3. Anuskigt  |  30 marzo 2015 - 16:42

    Hola Sara
    Me encanta tu blog al principio era un pozo reticente, luego fue empezar y engancharme. Es un blog cercano y permite aprender cosas de ti de tus seguidoras , que bonito es compartir.
    Del tema de las quejas sino es país number One pero somos poco activos para mejorarlo me refiero a nivel municipios.
    Respecto a las quejas de restaurantes, hoteles,…. Lo veo muy servicial tengo cuenta en tripadvisor y me gusta ver las opiniones al igual q compartir mis experiencias en los sitios.
    Respecto a los 21 días según un libro que leí El monje que vendió su Ferrari(os lo recomiendo) es el tiempo q se necesita para que una actividad se convierta en hábito.
    Un beso Sara

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